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me largué a llorar en medio del museo.

cielle.

Jun 7, 2025

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me largué a llorar en medio del museo.
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Fui a ver su exhibición, me enteré que abrió hace poco. El guía del museo no tocaba esa sección, no había gente sacando fotos o mirándola cuando llegué. Solamente éramos ella y yo, como siempre había sido.

Mi mirada fue primero a la pequeña biografía que había enmarcada en la entrada. Dieciséis años, jupiterina, autoproclamada hada tornasol, poeta. Tímida para esconder el fuego en su pecho. Solitaria.

Parecía escrito por ella, casi. Caminé hasta donde se exhibían sus ropas, suéteres de segunda mano, polleras tableadas, orejas puntiagudas y joyas de señora. Unos anteojos lilas con una pata rota.

Era como conocerla por primera vez de nuevo, como recordar una vida pasada. Sus libros favoritos están abiertos en las páginas con anotaciones, hay páginas recuperadas de su diario. Entre flores plastificadas esconde secretos, escritos en lápiz y borrados, pero todavía se leen a contraluz. Siempre quedan rastros de una confesión.

No hay fotos de ella; solamente un autoretrato. Un lienzo enorme que se siente como entrar en su imaginación. Una chica como una polilla, "Nunca fui una mariposa social" dice como una broma, pero en ese momento era su verdad más profunda.

Recorrí la exhibición con la mirada, cada palabra cortaba como un papel. Me empezó a arder el pecho con un dolor indescribible, un anhelo conocido que me quema por dentro; lo guardo en mi corazón como si fuera un cenicero, pero el fuego encerrado no se apaga, solo crece, crece, crece hasta que todo esté en llamas.

Caí de rodillas en el piso ya tan conocido, la madera está gastada de tantas veces que esta escena se repitió. Empezaron a caer en borbotones, lágrimas hirviendo que dejan ampollas en mi piel sensible y mis manos torpes que intentan enjuagarlas.

Nadie me ve llorando, nadie me escucha. Soy solo yo en este santuario, siempre.

Porque solamente yo la extraño, nadie más la llora. La gente que la conoció ya no existe, y ella tampoco; de a retazos formo su memoria y siempre podría escarbar más, buscar el resto de sus manuscritos perdidos, ir al sótano y revolver todo hasta que me sangren las manos.

Podría aprender a ser ella, traerla de entre los muertos y habitar en su piel. Saber como reía y copiarla, que todos crean que nunca se fue.

Cesa el llanto y quedo sola en el piso de madera, temblando hasta tener la fuerza de levantarme.

Las tumbas no se revisan.

cielle.

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