Me gustas mucho.
No como se dicen las cosas al pasar,
ni como se guardan en la boca por miedo,
sino como se sienten cuando el silencio
se vuelve demasiado pequeño para lo que late adentro.
Me gustas en los detalles que nadie ve,
en la forma en que el mundo parece acomodarse
cuando estás cerca,
como si todo encontrara su lugar sin esfuerzo.
Me gustas sin explicación lógica,
sin mapas ni razones claras,
me gustas como gustan las cosas inevitables:
la lluvia que llega sin permiso,
la noche que abraza sin preguntar.
Y aunque no lo diga siempre,
aunque a veces lo esconda entre palabras simples,
hay algo en mí que insiste, que vuelve, que permanece:
me gustas mucho,
y eso, aunque parezca poco,
es todo lo que tengo para decirte…
y todo lo que siento.
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