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Me gustan los fantasmas y me gustas tú

theo

Abr 30, 2025

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Me gustan los fantasmas y me gustas tú
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¿Qué sería de nosotros como especie sin la simbología? ¿De dónde vendrían nuestros valores y recuerdos si no de la inmensa carga emocional que le damos a las cosas más burdas? ¿Qué sería de mí si no pudiera aferrarme a los fantasmas de mis recuerdos? Un niño triste se aferra a las pocas memorias que su cerebro proyecta para mantenerlo con vida y me terminó haciendo aferrar a sutilezas, a detalles y momentos nímios que me dolía dejar ir. Incluso al soltarlos las articulaciones de mis dedos tardaban en recuperar movilidad, apretaba tanto que tenía los nudillos blancos y todo lo que escapó de mis dedos llevaba mis uñas marcadas.

Conocí a los fantasmas como todos, supongo, por esas criaturas de sábana y dos agujeros por ojos. Seres enojados que deberían asustar o, en su defecto, seres que disfrutaban de causar estragos a los desafortunados que tenían cerca. Pronto me enteré de fantasmas como personas con muertes tan terribles que el impacto emocional los mantenía atados al mundo material, personas con objetivos tan remarcables para sí mismos que el no completarlos parecía confundir al alma y la mantenía estancada en nuestro plano en rutinas que ya no eran viables mientras intentaban alcanzar un propósito que las yemas de sus dedos jamás podrían rozar.

En la literatura los fantasmas han sido metáforas: importencia, nostalgia, deseo, sentimientos que invaden al cuerpo y que, aunque muertos, aún no logran marcharse. Se podría entender ahora la desconexión emocional que viene con la idea de sentirse uno de ellos, tal vez incluso la pesadez que trae sentirse uno sin siquiera haber muerto físicamente todavía. La metáfora del fantasma sirve para expresar la necesidad de un cierre, pero el cerebro vivo no entiende de emociones muertas, no siempre es tan sencillo como un cierre y volver a la vida.

Me pregunto si cuando me encontraste pudiste notarlo o sentirlo en mis movimientos. Claro que estaba allí y claro que existía a tu lado, pero no estaba presente; yo no noté la falta de color en mi rostro ni el frío que llevaba sintiendo en los huesos hasta que te sentí irradiar luz cerca de mí, me cegaba y me lastimaba la vista, pero como una polilla no podía pensar en otra cosa que no fuera acercarme buscando tu calor. No noté el temblor en las manos hasta que tuve que sostener las tuyas con firmeza, decirte en mi lenguaje no verbal que estaba seguro de que te quería, no noté la palidez o los labios azules hasta que de un beso me hiciste sonrojar, intenté recuperar el aire y aún así me quitaste el aliento nuevamente.

Sé que me has preguntado porqué tú, yo también lo he pensado: ¿Por qué tú? ¿Por qué yo? ¿Por qué así? La respuesta es que no lo sé. Puedo intentar explicarlo y justificarlo, pero la respuesta es que no lo sé. No lo planeé, mis planes no te involucraban hasta que lo hicieron y, entonces, te convertiste en mis planes. Eras mi centro de oxígeno, mi lugar de calor, mi lugar y tiempo favorito para existir. ¡Existir! ¿Puedes creerlo? he odiado hacerlo por tanto tiempo que es raro para mi cuerpo comenzar a disfrutarlo. He pasado tanto tiempo creyendo que mi tiempo de existencia ha pasado ya y me obligaste a entrar a la época, me reencontré con un mundo que habité y que me da una nueva oportunidad para pertenecer. Calor, color, existir, pertenecer y todo por ti, todo es contigo. ¿Cómo podrías no haber sido tú? Si tu alquimia fue lo que me devolvió la vista y curo todos mis males, ¿Cómo podrías no ver que me has devuelto a la vida en cada paso que dimos?

theo

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