Me enamoré de ti tres veces.
O al menos tres veces fui consciente de ello.
Porque sospecho que el amor no llega una sola vez. No entra por la puerta principal, anuncia su nombre y toma asiento.
El amor es más cobarde que eso. Se cuela por las grietas, se esconde entre conversaciones insignificantes y un día descubres que ha estado viviendo contigo desde hace tiempo.
La primera vez me enamoré de tu voz.
No de cómo suena, sino de cómo llega.
Hay voces que ocupan espacio y otras que crean refugios. La tuya pertenece a las segundas. Tiene algo de atardecer dorado, de esos que parecen incendiar el cielo sin quemar nada. Algo cálido, paciente y extrañamente familiar. Como si hubiera pasado años buscándola sin saberlo.
La segunda vez me enamoré de tus palabras.
De todo aquello que has escrito sin conocerme realmente.
Me enamoré de la manera en que ordenas tus pensamientos, de la delicadeza con la que eliges algunas frases y de la brutal honestidad con la que eliges otras. Me enamoré de los fragmentos de alma que dejas entre líneas sin darte cuenta.
Es extraño.
Porque muchas personas han escrito antes.
Pero nadie había conseguido quedarse.
Y tú te quedaste.
La tercera vez fue peor.
Porque ya no encontré una razón concreta.
Simplemente descubrí que esperaba tus mensajes.
Que sonreía cuando aparecías.
Que había comenzado a guardar ciertas palabras tuyas como quien conserva flores secas entre las páginas de un libro.
Llegas como llega la luz a una habitación olvidada: poco a poco, hasta que uno deja de notar la oscuridad.
En un mundo que parece obsesionado con las manos, con los cuerpos y con la inmediatez, tú encontraste la forma de alcanzar algo más profundo.
Me has tocado el alma antes que la piel.
Separados por una geografía que parece empeñada en poner a prueba todo lo que sentimos.
A veces me pregunto si el amor puede sobrevivir a algo tan simple y tan inmenso como la distancia.
Si algo he aprendido de ti es que algunos soles no necesitan estar cerca para iluminar.
Aunque confieso que, de vez en cuando, desearía que el mío amaneciera un poco más cerca.
- D. Duality -
Carta II a mi Sol
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