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    Mayo: Deleites, Cavilaciones, Corazonadas

    Jun 2, 2024

    Mayo: Deleites, Cavilaciones, Corazonadas
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    Dormí dos horas al lado de la ventana abierta, en la siesta vacía del primer día de junio. Escribo todavía envuelta en esa nebulosa. Ahora, demasiado descansada, se me ocurre documentar mi colección de cavilaciones, corazonadas y deleites de mayo.

    Deleites:

    • El roce esporádico del sol en la cara, tanto más precioso por su rareza.

    • Similarmente, el frío punzante enrojeciendo la nariz y recondandole a una tan dolorosamente que es, efectivamente, animal.

    • Café negro (hecho en cafetera italiana) con una cucharada de miel y media cucharada de manteca (clarificada).

    • Sueños vívidos de manos acariciándome el pelo.

    • Chatitas negras de charol.

    • Mandarinas o el acto de descascarar y devorar.

    • Caminar por la ciudad a las ocho y media de la mañana (resultado de no tener para el boleto del colectivo), cuando el aire está tan agudo que lacera y los yuyos que crecen en las baldosas rotas están pesados por el rocío.

    • Mate endulzado con hojas de stevia y tango, Gardel pronunciando las "n" como "r" como rogándole a la radio (medio precario, tembleque) para alcanzar la posteridad.

    • Hojas verde botella, naranjas hinchadas por una implosión pujante de fertilidad tardía, firmamento celeste.

    • Purgación vía baños de agua tan caliente que llega a ser sagrada, salir con la piel al rojo vivo y con la sensación amena de ser cordero blanco y tierno.

    Cavilaciones:

    • Estuve en el vientre de mi madre mucho antes de ser concebida, incluso antes de que ella nazca.

    • Ergo, llevo en el cuerpo a todos los vástagos que engendraré y a los que nunca engendraré. Soy la continuidad de una fuerza arcaica e inescapable. Cada vez que me río las ondas sonoras sacuden a los hijos que todavía no son.

    • Ergo, nací conociendo a mi hermana aunque sea menor que yo. Sospechaba desde el primer momento que mis dedos estaban hechos para trenzarle los rulos.

    • Sueños en vigilia sobre una Argentina solar-punk.

    • La naturaleza del recuerdo es emocional. O quizás quiero decir que puede ser otras cosas pero nunca puede no partir de una emoción. Recuerdo la casa vieja, las rejas verdes. Estaba por desatarse una tormenta, las ventanas se empañaban. Salimos a comprar una Coca de vidrio al almacén de la esquina y los árboles se agitaban espasmódicos atacados por el viento agorero. Íbamos a comer fideos con tuco, y nos reíamos por algo. Sólo recuerdo todo esto porque está pegado, como si fueran las dos caras de una hoja de papel, a lo que llamo "sentido del momento" que es lo mismo que el "sentido del mundo". En ese momento fui plenamente consciente de cómo se sentía tener 13 años, vivir en esa casa en esa calle, anhelar los fideos, ser yo, y saber qué significaba todo eso. Por supuesto que no puedo saber si todo sucedió exactamente así o algún detalle fue fabricado a posteriori, pero eso no quita que todo sucede así de nuevo y de nuevo cada vez que recuerdo.

    • Hay un cierto estado de la cuestión al que ya me acostumbré desde muy temprana edad, un "sentido del momento" que no es más que el sentido de un no-momento. Entonces usualmente cruzo espontáneamente frente a un espejo y ¡ay! ¿Qué es eso?

    • Quiero decir que es una recurrencia intermitente no reconocerme con lo que tan firmemente creía que era. Esta incertidumbre solía disparar un cierto modus operandi bastante insensato. Inmediatamente, el pánico. No sé nada, truenan los cielos y se cae en pedazos la torre (he aquí el valor del tarot como lenguaje simbólico que me permite nombrar cosas como esta). A continuación, tenía que hacerse un recuento minucioso para descubrir cuál fue la última concepción sólida que tuve antes de encontrarme con que no me encuentro, y un intento patético y desesperado de entrar en un zapato que siempre me quedaba ya demasiado chico. Pero esta vez no hubo pánico. Había que crecer en algún momento, che. Donde no hay pánico puede haber curiosidad.

    • Como consecuencia una epifanía de martes a la noche: no hay ningún imperativo de ser lo que pensaba que tenía que ser. Lo que significa que puedo ser cualquier cosa.

    Corazonadas:

    • Melancolía anticuada que insiste en aferrarse a imágenes de una primavera pegajosa y fértil.

    • La sensación de estar pudriéndose mientras desciende uno al fondo del invierno.

    • La certeza de no ser una chica ni ser aún una mujer (soberanía que todavía no reclamo), sino una tercera opción oculta.

    • El compromiso intransigente de amar en todo momento. No me refiero a ninguna sacarosa romanticona, no amor como remedio sino como una forma de vida perpetua.

    • Duelo terrible por niños que mueren al otro lado del mundo, como si me arrancasen una extremidad.

    • Estado de gracia después de una epifanía que te deja vacía y trastocada.

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