...
Lo de Dios (por tener una base, digo).
Sus senderos son inescrutables, siempre se lleva a los mejores, ayuda a quién madruga y el que se levante tarde que se apañe solo; se supone que se encarga de pagar las buenas obras -tiene una deuda infinita-; necesita muchos angelitos en el cielo -por eso mueren tantos niños en Palestina-; aprieta pero se supone que sin ahogar; es uno y trino -un adorno muy fino-; según su voluntad, da y deja que San Pedro bendiga; es amor, es justicia divina, sabe hacer estatuas de sal, diluvios y plagas de todo tipo; tiene preparado un apocalipsis y un juicio final, y luego apartará a los buenos a un lado y a los malos al otro -según su criterio- para que los primeros gocen de su presencia eternamente -sobre esto ya dijimos ayer- y los segundos ardan en el infierno a perpetuidad -muy malo hay que ser para tal castigo-.
Su reino no tiene fin. ¿Se imaginan un siempre, siempre, siempre?
¿Como puede caer bien a nadie un ser así?
Hoy no acaba nada. La verdad y la justicia están a perpetuidad secuestradas. Las guerras son un negocio rentable. Matar inocentes y contaminar el planeta es una constante.
Mañana lo nuevo serán solo los almanaques.
No hay injusticia en un banco de atunes ni en los bivaques de mariposas; la injusticia no se da entre las cebras ni entre los elefantes.
Solo el ser humano vive sumergido en el fango de las decisiones arbitrarias que siempre perjudican al pobre, al débil, al descalzo, en beneficio del rico, del fuerte, del bien pertrechado.
La mentira, el ocultamiento de la verdad, la tergiversación de los hechos, los subterfugios informativos, los titulares torticeros, son pan de cada día; son el más lesivo de los muchos venenos con los que se alimenta a la población mundial.
Las palomas no se comen las uvas.
No hay mentira en la manada de lobos, no la hay en la colmena, no se miente en ningún hormiguero salvo que lo dirija Pablo Motos.
Esto no saldrá en el telediario.
Me cuentan que los Reyes Magos no creen que existamos.
Ellos hacen el paripé cada año, pero solo por tradición.
Y por salir de casa de vez en cuando.
Un tercio nuevo.
Enemigos del Pueblo, enemigos míos, que os den por donde amargan los pepinos, que se os acabe el pan y el vino, que os duelan las muelas sin tino, se os caiga el pelo, tengáis golondrinos.
Que las hemorroides os amarguen la vida, que ya no pongan nada en tele 5.
Enemigo del Pueblo y mío, que tus deseos aniden en un agujero negro y se cumplan sin merma los de tu rojo vecino.
¡Tanto pedir felicidad para uno y los suyos y no conseguir nada!
¿Y si la cosa está en desear la desgracia de quienes lo joden todo?
Por probar...
Pero, aún así:
Para lo que viene pido.
Que la guerra eterna acabe.
Que el Rey que queda también se marche.
Que las derechas se calmen.
Que las izquierdas sean amables.
Que los cazadores no cacen.
Que los toreros empeñen sus trajes.
Que las macrogranjas se paren.
Que los cardenales se callen.
Que los generales no hablen.
Que el enemigo sea nadie.
Que quien quiera, trabaje.
Que el machismo sea un vago recuerdo como la edad de piedra.
Que nadie abuse de alguien.
Que llueva bastante.
Al fin, como en los mandamientos, que el mundo se ame.
Y es que en realidad no hace falta tanto.
Con hacer caso totalmente a la primera carta de San Pablo a los corintios y a esa otra de los Derechos Humanos, sería más que suficiente.
(Techo y comida). Salud y paz.
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