Todo empezó bajo luces artificiales,
en un set donde la noche se repetía
toma tras toma.
Las cámaras callaban,
los técnicos fumaban en silencio,
y nosotros fingíamos
que sólo seguíamos el guion.
Sobre el papel temblaba el guion
de historias escritas sobre su piel,
donde la lujuria era dueña de la escena
y los sentidos perdían el rastro del tiempo.
Ella decía ser mi musa
mientras las luces dibujaban sombras en su rostro;
yo fingía ser sólo un escritor
que tomaba notas entre escena y escena.
Pero cuando las cámaras se apagaban
y el set quedaba vacío,
nuestros cuerpos olvidaban la actuación
y aprendían otro lenguaje.
Su voz es un veneno dulce,
su boca, el altar de mil pecados;
bebo sus besos como un náufrago
que se hunde feliz entre sus brazos.
Un día nuestras miradas dejaron de fingir,
y el guion empezó a quedarse corto
entre nuestros cuerpos.
El set empezó a sospechar
que ya no estábamos actuando;
cuando dejó de ser escenario,
la ciudad nos prestó cuartos para esconder la historia.
Qué extraño comprenderlo tan tarde:
yo la destruía con mi incendio
mientras ella me encadenaba aún más
a esta historia sin final.
Y no escribo con tinta, sino con sangre,
no dibujo letras, sino dulces gritos;
mi pluma se agita como amante febril
rasgando el silencio de la noche.
Porque hay historias
que comienzan como una escena escrita
y terminan devorando
a quienes creían interpretarlas.
Y ahora que el set quedó atrás,
sin focos ni director que diga “corten”,
seguimos improvisando en la ciudad
el mismo guion que nunca supimos terminar.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión