Martes, 24 de marzo de 2026
Mar 25, 2026
Últimamente me muerden perros de diferentes collares.
Cuando pienso en la diplomatura que estoy estudiando no dejo de recordarme lo inútil que soy en la práctica, acorde a las "correcciones" (si es que así se pueden denominar comentarios escuetos, meramente negativos y no directivos) docentes [tiene todo el sentido cuando no has estudiado el grado que antecede al posgrado, recuerdo]. Me despierto alrededor de las cuatro de la mañana taquicárdico, exudando agua salada por ojos, axilas y nuca, siendo consciente de que no voy a ninguna parte con esto. No despunto; ni mediocre soy (a veces asumo). Para colmo, la especialidad no tiene un porcentaje siquiera aceptable de empleabilidad (irónicamente, ya que la amplitud de opciones aboca a la náusea). Uno se empeña en imposibles ante la ausencia de sentido...
A veces me asalta la certeza de que construyo mi propio dolor [lo hacemos]... Este trabajo, para otro día.
Por otro lado cuando visualizo las ponencias de los profesores o leo los textos de apoyo no puedo evitar caminar como si el abismo que me separa de ellos o de cualquier compañero no exista. Todo aquello de lo que hablan es tan general, tan perteneciente al (que yo considero, no en sentido epistemológico, claro) sentido común, que el curso se me antoja un chiste. ¿Hay que explicar la finalidad del sociólogo? ¿Hay que advertir que la subjetividad, expectativas y roles, configuran la apertura de interrogantes, conceptos y relaciones de la investigación? ¿Alguien pasa por alto que la construcción lingüística (propia, ajena y en cualquier ámbito, nivel o uso) responde a aprendizajes, experiencias y trayectorias previas, que esto es en sí una problemática presente en todo trabajo cualitativo? ¿Qué hay de especial en llamar "indicadores empíricos" a aquellos elementos observables de interés para los objetivos? ¿Por qué perder dos horas relatando cómo se registra una observación (escribes en las notas del móvil) y no cómo se observa? Un sinfín de preguntas que se resumen en "¿por qué nadie da herramientas para investigar en un posgrado de investigación?". Es tan sencillo pensar en la modalidad de aproximación al objeto de investigación que uno cree fácil investigar, y cuando se adentra en el word (en blanco o, con suerte, plagado de anotaciones caóticas), descubre que no tiene la más remota idea de cómo abordar sus propias preguntas, que han sido calificadas de insuficientes o no heurísticas. ¿Por qué iba a saber expresar aquello sobre lo que me dispongo a investigar? Joder.
Paralelamente mi amiga y yo atravesamos la crisis "posgraduadas en apuros". ¿Qué haremos con el grado que, cómicamente, con dificultad, hemos adquirido si nos negamos a seguir el negocio de la conversión docente? Hablamos, evidentemente, del Grado en Filosofía que corona nuestros CV. Ella tiene sus inquietudes y yo las mías. Somos confidentes de vida académico-laboral. Eso está contratado. Nuestros perfiles son diferentes, pero ambos navegamos la autopercepción de falta de valor inducida [¡y es que yo soy una "mariposa intelectual" (dicho peyorativamente)!].
"No hago más que oír que es muy complicado, que sea profe. Sólo me quedan ganas de mandarlo todo a tomar por culo"
El imaginario social en torno a nuestra "profesión" no hace más que "confundirnos" y hacer el camino más angosto. Como ya he dicho no hay una sola materia en todo el grado de Filosofía que apunte a una relación entre esta y la docencia. Nada. Ni siquiera los ejemplos que nos tocan parecen señalar alguna suerte de ligadura natural entre el (vasto) campo y la pedagogía. Pero incluso ellos repiten "... cuando opositéis..." como pececillos que burbujean sin alma tras el cristal. De igual forma cualquier "orientador laboral" o persona de a pie (con buena intención, desde la preocupación incluso) señalará la crónica de una muerte en vida anunciada que supone estudiar esta carrera del demonio.
"¿Qué hago, dedicar mi vida a ello, a mantener vivo algo sacrificando mi voluntad de vivir?"
Porque "ser profe es un chollo", pero... a lo mejor no es nuestro chollo. Mientras nos rebelamos ante la idea de encajar como gurús socialmente aceptados, enseñando a personas desbordadas a llenarse de premisas analíticas inútiles para la consecución de sus vidas socialmente útiles, la "búsqueda de algo que está fuera de mí y me pertenece" se dibuja en el chat. Ninguna sabe qué es esto, cómo encontrarlo o por qué buscarlo, pero la autorrealización, consecuente a un andar de arriero, no es negociable.
"¿Qué voy, a enseñar filosofía para que sea valorada y perder mi valor yo misma?"
Es más, rendirte a la "evidencia empírica" del "éxito" de opositar para docente no te hace ser valorada. Performarás ser algún arquetipo como "la profe enrollada", "la profe fumada", "la profe loca" o "la profe amargada" (sin vocación, seguramente sea el último, antes o después), ganarás tu sueldo repitiendo ideas fragmentadas y puede que quieras ejercer varias modalidades de violencia sobre algún alumno... Puede que te acostumbres, puede que hasta te llegue a gustar, pero formar parte de una profesión socialmente valorada (la controversia en torno a la docencia, al menos en España, es otro tema del que hablar...) no se retribuye en tu satisfacción o tu valor.
Y es que el problema no es el valor, tan de moda en la boca de todos los creadores digitales de "marca personal" (que, básicamente, venden mejorar la vida de las personas para que puedan venderse como mejores [????]); el problema es la acumulación de capital simbólico en el mundo de la academia, que ambos rechazamos abiertamente y al que no pertenecemos (yo por no ser el lápiz más afilado de la papelería; ella, simplemente porque no le da la gana, y nada hay más legítimo). El saber y su aplicación en el desarrollo laboral están secuestrados. Nadie te explica que será de ti si no te subes al toro mecánico de la meritocracia y sus muy escrutables camines. Nadie te anima a explorar el mundo o, al menos, te muestra el horizonte detrás del dedo. Si no eres capaz, si los libros arrojados sobre ti te ciegan durante los años universitarios de manera que no puedes desarrollar algo distinto al instinto de supervivencia, tienes que ponerte el babero y masticar los años perdidos entre la niebla [cuidado con atragantarse], asumir que la gente tiene razón y has perdido tu juventud en un sinsentido... o seguir peleando por tu libre albedrío, aunque este se concrete en no-sabes-muy-bien-qué.
Porque sabes que hay un qué.
Fuera de mi monólogo, el primer fin de semana de abril abriremos directo en Twich, recapitulando el tema con unos cócteles a mano. Así que si a alguien le interesa escuchar a dos filósofas marginadas en apuros y conversar que comente y paso el enlace. No olvidemos nuestra capacidad de agencia.
Feliz día a quien haya llegado hasta aquí (y a quien no también).
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