Martes 13: Reflexión sobre la convivencia.
Jan 14, 2026

Mi palabra favorita del día es trinchera.
No es que todos los días vaya a tener, o haya tenido, una palabra favorita, pero hoy martes 13 sí la tengo.
Intento con una fuerza vaga pensar qué significa, pero no puedo hacerlo. Sí, sé lo que significa; es su definición la que se esconde cuando la busco en mi diccionario mental. Se borra por alguna razón. Se borra porque hoy martes 13 es mi palabra favorita.
¿Será por eso, porque me resulta difícil?
Estos días son lo contrario, en definición, a lo fácil. Tengo una predisposición humana a complicarme la vida. A entender mi existencia complicada. Si leo mis antiguas entradas escritas en mi diario, hablo de fortuna. Escribí sobre lo rico que soy por no despertarme con un reloj. De tener para comer, estar alejado de los incendios. Seguro y afortunado bajó mi conciencia más crítica.
Pero hoy martes 13 me siento pobre y desganado.
Trinchera: zona defensiva que permite disparar a los enemigos desde un cubierto.
Eso dice el diccionario. Mi celular, en realidad, aunque en realidad no importa. Es otra de las insignificancias que tanto me movilizan. No hablo de palabras, sino de qué me dio la definición exacta.
El sillón es mi trinchera.
La cama, la de él.
Hoy discutimos, otra vez. Por algo que escapa a las insignificancias y, por ende, es extremadamente significante.
Me habló con ira porque se estaba despertando, según él. Caprichoso, le respondí, también con ira. Le molesta mi presencia cuando necesita silencio. Mis pasos hacen ruido porque ocupo un espacio y me muevo hacia otro espacio.
Mi sonido lo desconcentra cuando intenta leer. Es mi existencia la que parece molestarle; no lo afirmo ni se lo pregunto. Así que, atrincherado, le di un golpe bajo: tu libro es un diálogo tras otro.
No estás leyendo La Divina Comedia.
Tonto y caprichoso.
A las horas me pidió disculpas. Tarde entendió que yo no tengo la culpa; es la casa la que nos encierra. Tarde lo entendió, y sus disculpas también llegaron tarde. Con lo grande que es la casa, mi presencia lo invade aun cuando intento caminar en silencio.
Diría que por lo menos no me pegó; tal vez yo diría de mí mismo que estoy exagerando. Pero estoy atrincherado, refugiado de las cuentas. Enojado, más bien, con las métricas que llevo día a día.
Domingo 11: porque me hace favores.
Lunes 12: porque cocina.
Martes 13.
Entre esas variables nunca me encuentro; siempre ocupa más lugar el otro, el que necesita silencio.
Su trinchera es el silencio,
y la mía, gritar con los labios cerrados
para no hacer ruido.
Ahora camina, libre de moverse, y cada uno de sus pasos me conmueve.
Pero esta vez, que sea él quien lleve las cuentas y se amigue con las métricas. Que sea él quien se pregunte si yo valgo la pena.
Recibí sus balas tantas veces que no hay refugio en esta casa para mi fantasma. Yo comparto con ustedes esta entrada porque sé que por ahí hay algún otro que también siente que su cuerpo molesta.
Comparto con ustedes esta entrada porque, tal vez, mi lugar seguro sean las palabras.
_________
¡Gracias por leer!.
Hace mucho no comparto un texto, si les gustó dejenme su comentario y los invito a seguirme.
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