Los cigarros pueden tener diferentes significados; por ejemplo en el siglo XX, la primera ola del feminismo no los consideraba como objetos provocadores de humo y placer, fue algo más allá, algo tan místico como la libertad. Así es, para ellas eran “antorchas de la libertad”.
En su contraparte los hombres de los años 50 tomaron los cigarros, más concretamente la marca Marlboro y crean la idea de que el epítome de la masculinidad debe ser un vaquero fumador; es decir, pasamos de ser un símbolo de emancipación e igualdad con los hombres a convertirse en un símbolo de masculinidad ruda.
En contextos más actuales, su significado puede ser variado, desde aquel joven que ve al cigarro como una herramienta de pertenencia e inclusión social, hasta tu tía, la que dice que ese es el camino a la muerte.
Entonces, ¿para mí qué es el cigarro?
Para esta loca es un momento de paz; me basaría en lo que dice Enrique Iglesias: “Es casi una experiencia religiosa” es ese momento tan efímero que te hace relajarte, es decir, es tu lugar seguro, pero no solo es eso, todavía hay más, y quisiera seguir con un fragmento de I dont smoke de Mitski.
I don’t smoke
Except for when I’m missing you
El cigarro me recuerda a ti, no porque fumes (no sé si lo sigas haciendo) o fumaras en su momento cuando compartíamos la vida, sino porque me haces daño.
Permíteme esclarecer mi idea, tú fuiste mi primer amor, incluso diría que el más grande que esta loca pudo haber deseado. Con tu llegada trajiste cosas que tanto anhelaba, como atención, cariño, comprensión, tiempo, una buena plática y, por supuesto, amor.
Eras mi lugar seguro; aquellos momentos se colmaban de paz. Eras para mí lo que tanto añoraba, pero no todo es color de rosa, me dañabas con tu rechazo, no de amistad sino de amor, y con tu forma tan tibia de ser. Eso te impedía decir: “No te amo como tú lo haces”, porque yo te amaba románticamente, pero tú lo hacías fraternalmente.
Mi relación contigo se puede comparar con mis cigarros; me dan paz y aquellos míseros segundos son los más cercanos al paraíso, ya que calman mi mente perturbada. Lo mismo me pasa contigo; a pesar de que me dañaste o me dañas con el recuerdo melancólico de nosotros, yo te seguiría escogiendo porque es más adictiva la paz y no la pienso soltar, así como a ti no te pienso olvidar. En conclusión, yo seguiría escogiendo mis Marlboro de clavo a pesar de que me dañen, no solo porque me gustan, sino también porque me gustas; es decir, los dos se han convertido en mi adicción.
(En mi perdición predilecta)
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión