Hay un instante en la vida
en que las costuras comienzan a ceder
No ocurre de golpe
Sucede lentamente
Una mañana descubres
que los planes que hiciste para salvarte
ya no te sirven
Que las respuestas heredadas
han empezado a quedarse pequeñas
Que los mapas que otros dibujaron
no conducen necesariamente
a ningún lugar que desees habitar
Entonces aparece el vértigo
Y con él,
la sospecha
La sospecha de que quizá
nadie sabe realmente lo que está haciendo
Que los adultos improvisan
Que los sabios dudan
Que los vencedores también se pierden
Que la vida entera
es mucho más frágil y misteriosa
de lo que nos hicieron creer
Y lejos de asustarme,
esa idea me alivió
Porque comprendí
que no había ningún examen final
Ninguna ruta obligatoria
Ninguna autoridad secreta
esperando calificar mis decisiones
Sólo este cuerpo
Sólo esta conciencia
Sólo esta oportunidad irrepetible
de atravesar el mundo
Por eso dejé de perseguir certezas
Empecé a perseguir señales
Pequeños incendios interiores
Aquello que me hacía sentir más vivo
Una conversación que se alarga
Un tren que parte
Una ciudad desconocida
Una canción escuchada por accidente
Una persona capaz de cambiar
la temperatura de una habitación
con sólo entrar en ella
Entendí que la existencia
no era un problema para resolver
Era una experiencia para habitar
Y que muchas veces
la felicidad no aparece
cuando conseguimos lo que buscábamos,
sino cuando dejamos de buscar
aquello que nunca necesitamos
Miro alrededor
y veo personas exhaustas
Corriendo detrás de versiones futuras
de sí mismas
Sacrificando el presente
en nombre de una promesa
Acumulando días
como quien acumula monedas
Y me pregunto:
¿cuántas vidas caben dentro de una vida
antes de que sea demasiado tarde?
Porque el tiempo no avisa.
No golpea la puerta.
No concede prórrogas.
Simplemente pasa.
Y un día descubres
que aquello que llamabas después
ha comenzado a llamarse nunca
Por eso ahora desconfío
de quienes tienen respuestas para todo
Prefiero a los que conservan preguntas
A los que todavía son capaces de asombrarse
A los que miran el cielo
y sienten que siguen siendo aprendices
Quizá la madurez no consista
en comprender el mundo
Quizá consista
en aceptar que jamás terminaremos de hacerlo
Y aun así,
amar
Intentar
Equivocarnos
Volver a empezar
Porque al final,
cuando todo lo demás desaparezca,
cuando las teorías se derrumben
y las certezas se vuelvan polvo,
sólo quedará una pregunta
Y será terrible en su sencillez:
--
¿Viviste la vida que querías vivir,
o la que otros imaginaron para ti?
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