Las mandarinas son fáciles de pelar, como mi yo de doce años que jamás pudo gritar. Como cuando tus manos mis pechos tocaron, y en un solo segundo mis sueños se destrozaron.
¿Quién te dio el derecho a mi cuerpo poseer?
¿Quién te dio el permiso mi inocencia a obtener?
Me bañé cinco veces sin parar, y donde se escondía mi vergüenza jamás pude llegar. Tus sucias manos aún logro recordar, y su camino en mi cuerpo me hace temblar.
A los catorce por fin todo esto pasó. Lo curioso es que tengo quince y nunca nadie lo notó.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión