Madurar es poder decir: «fue mi culpa»
Jun 29, 2026

Madurar es poder decir: «fue mi culpa»
Por: Gonzalo Wilfredo Gómez Olivas
El otro día, mientras nos encontrábamos en reunión un grupo de varones católicos, surgió una pregunta: «¿Cuáles son los signos que prueban que un hombre ha llegado a la madurez?».
—«La capacidad de autodominio»— respondió uno de los asistentes.
—«Cumplir con su palabra» — respondió otro.
—«No huir de las responsabilidades» — dijo por fin alguien.
Hubo, en realidad, otras tantas respuestas, todas de una u otra manera acertadas; pero esta última, que he transcrito aquí, es la que más me ha quedado resonando en la mente y ha motivado este escrito. Es ciertamente un signo enorme de madurez en una persona la capacidad de asumir responsabilidades, la capacidad de decir sin excusas: «de acuerdo, es mi culpa». ¡Ay, cómo nos cuesta hacer esto! En la gran mayoría de casos se busca un culpable, sea quien sea, con tal de no asumir la responsabilidad…
Al escuchar el aporte de este hermano, vino a mi mente una anécdota: Hace varios años, cuando era un jovencito, le ayudé a un señor a colocar un techo en una casa en construcción, el techo era de perlines y, evidentemente, íbamos a trabajar con soldadura. Antes de iniciar el trabajo, este señor, ya experimentado en el oficio, me miró seriamente y me dijo:
—«Mirá, Gonzalo, vamos a empezar a trabajar, de ahora en adelante todos los movimientos que hagamos tienen que ser perfectos, no hay espacio para el error. No vamos a cortar y luego a añadir porque nos equivocamos, no vamos a soldar y luego a cortar porque nos equivocamos, no vamos a colocar y luego a quitar porque nos equivocamos, no vamos a pintar y luego a lijar porque nos equivocamos… ¡Vamos a hacer todo bien! No vamos a perder tiempo, porque, como decía mi mamá, “el tiempo perdido los santos lo lloran". Pero si, a pesar de todas nuestras precauciones, cometemos un error, tampoco vamos a echarle la culpa a nada ni a nadie; si algo nos sale mal, solo de nosotros será la culpa… No diremos: “Ah, fue culpa de los materiales”, “ah, fue culpa de la lluvia”, “ah, fue culpa del sol”, “ah, fue culpa de las herramientas…”. ¡Nada de eso! Culpa nuestra y punto, por eso es importante que no nos equivoquemos».
Quizá él no alcanzó a percibir toda la profundidad de lo que me estaba diciendo, pero para mí fue toda una revelación. Inmediatamente relacioné sus palabras con aquella doctrina de la Moral católica según la cual solo los actos humanos son sujetos de juicio moral (Cf. Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica: I-II, q.1, a.1). Ni las herramientas, ni los materiales, ni las circunstancias del clima pueden tener «culpa» en sentido estricto, ya que no tienen conciencia, no actúan con intencionalidad. «No fue culpa tuya, ni tampoco mía, fue culpa de la monotonía» , dice la letra de una canción de Shakira, en un intento de la artista por eludir su responsabilidad en el fracaso de su matrimonio… ¿La monotonía puede ser culpable? ¿Cómo podría serlo si no es alguien, sino simplemente algo?
Cantidad de veces he visto la triste y penosa escena de hombres, incluido yo mismo, alegando todo tipo de culpables con tal de no asumir en lo más mínimo la responsabilidad de las consecuencias de sus actos. En el «el material que me trajeron no es óptimo, por eso el trabajo quedó mal» del albañil, y el «no tengo tiempo» del padre que no educa a sus hijos, resuenan las antiguas palabras de nuestro primer padre Adan queriendo excusar su pecado: «la mujer que me diste…» (Gen. 3, 12). Desde entonces siempre, y en todos los casos, ha de ser otro el responsable de nuestras desgracias…
Desde luego que los factores externos influyen en nosotros y nuestros actos, pero no los determinan, por eso en última instancia la responsabilidad de lo que sea de nuestras acciones, necesariamente sigue siendo nuestra.
Así que sí, madurar es tener el valor, la fortaleza, para asumir responsabilidades…, para decir: «yo fui».
Nótese, además, que este es el primer paso para resolver lo que sea que esté yendo mal, ya que mientras no se asuma que la responsabilidad del fallo es nuestra y no de un agente externo, no podremos hacer nada para remediar el problema, porque no tenemos el control sobre este supuesto culpable externo, sino solo sobre nosotros.
¿Carencias en la infancia? Típico del psicoanálisis para explicar nuestras tendencias erróneas de adultos, y puede que así sea, pero ahora lo importante es lo que nosotros podemos hacer para no dejarnos determinar por ese condicionamiento: «Aunque nunca se puede cambiar el pasado, encontrar las fuente de las heridas permite poner en su lugar las emociones, con un efecto sanador» (Dra. Mariolina Ceriotti Migliarese, «Erótica y materna: un viaje al universo femenino» Ediciones RIALP, S.A. Madrid [2018], p. 78).
En conclusión: ¡Maduremos!, y ayudemos a otros a madurar, dejemos atrás el victimismo, dejemos de ser víctimas de las circunstancias, de las demás personas, de nuestras propias carencias; hagámonos responsables de nuestros actos, hagámonos responsables de nuestros fracasos, sepamos decir «fue mi culpa»; solo así podremos, también, ser responsables de nuestros triunfos y habremos de decir con la cabeza en alto: «fue gracias a mí».
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