Ya se dieron cuenta
de que eras la luz de mis ojos,
la razón por la que reía
sin miedo al qué dirán.
Pregunté quién se lo dijo,
y ellos, entre risas,
me confesaron:
‘Se te veía en la mirada
un brillo…
¿poco natural?
O tal vez muy natural
cuando eres tú,
que quitas tristezas
en días de pena.’
Y ahí pensé:
¿y si a ti te pasaba lo mismo?
¿Alguien notó
si tus ojos brillaban
al mirarme o al hablarme?
¿Alguien adivinó
todo lo que nunca dijimos
pero sentimos con el corazón?
Ahora pienso
—y eso es lo peligroso—
que este recuerdo
me sirve de impulso
para un sentimiento
que no se extingue.
Quema,
y deja un rastro
de recuerdos que se deforman,
mostrando su verdadera cara
de ilusión.
La misma que me lleva
a preguntarme, aún hoy,
si a ti también
se te veía al verme
como a mí me veían
al verte.
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