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Lunes

Fer

Mar 9, 2026

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Lunes
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Si alguna vez vuelves,

hazlo un lunes por la tarde.

No un viernes.

No un domingo.

Un lunes.

Un lunes gris

enfermo de rutina,

de esos que nadie recuerda,

de esos que pasan

como pasan las vidas

que no importan.

No lo hagas en mi cumpleaños.

No lo hagas en la fecha de nuestro aniversario.

No quiero

que tu memoria funcione

como funcionan las alarmas del teléfono:

recordándote que alguna vez

me quisiste

solo porque el calendario lo dice.

No quiero ser una notificación.

Prefiero que sea un lunes.

Un día vulgar

sucio de rutina,

donde la vidate esté empujando hacia adelante

aunque por dentro

todavía estés hecho ruinas.

Porque si vuelves un domingo

voy a pensar

que te habló el aburrimiento.

Que se te acabaron los planes,

que el silencio de tu casa

se volvió demasiado grande,

y entonces

entre el tedio

y el vacío,

te acordaste de mí

como quien abre una caja vieja

solo para ver

qué había adentro.

Y yo no quiero ser

la distracción de un domingo muerto.

Si me escribes un viernes

voy a imaginarte borracho.

Con el alcoholdesatándote la lengua,

con la memoria suelta

y la culpa flotando

en el fondo del vaso.

Voy a imaginarque besaste a alguien

y en medio de ese beso

entendiste algo horrible:

que esa boca no sabía mi nombre

como lo sabía la tuya.

Que esas manosno conocían

las cicatrices de tu pecho

Tus piernas

O tú espalda

Que esa persona frente a ti

no tenía ni idea

de la guerra que fuimos.

Y entonces

con el sabor del error en la boca,

mi nombre

se te armó en la lengua

como una herida abierta.

No.

No quiero ser el recuerdo

que se despierta en el fondo de una botella.

Por eso te pedía que fuera lunes.

Para saber que en medio del ruido

de la vida,

entre pendientes

llamadas

tráfico

y la absurda obligación de seguir existiendo

algo

dentro de tu cabeza

se rompió.

Que mi nombre

se te atravesó en el pensamiento

como un cuchillo.

Que estabas intentando vivir sin mí

y aun así

no pudiste.

Que por primera vez en meses

te rendiste.

Pero…

¿A quién demonios intento engañar?

La verdad

es mucho más miserable.

La verdad

es que me da igual el día.

Podrías volver un viernes borracho,

un domingo vacío,

o a las tres de la madrugada

cuando el insomnio

te tenga mirando el techo

y el recuerdo de mi cuerpo

te queme por dentro.

No importa.

Porque la verdad es esta:

sigo aquí.

Con el amor pudriéndose en el pecho

como un animal muerto.

Con las noches llenas de tu ausencia

mordiéndome los huesos.

Con el orgullo roto

y la dignidad hecha pedazos

debajo de todo este silencio.

Intento convencerme

de que ya no te necesito,

de que el tiempo mata el amor,

de que la gente se supera.

Pero cada mentira se me cae de la boca

como se caen los dientes de un cadáver.

Porque la verdad

—la única verdad—

es esta cosa humillante

que llevo respirando todos los días:

sigo esperando.

Esperando que suene el teléfono.

Esperando ver tu nombre

encendido en la pantalla

como una maldita resurrección.

Esperando que un día regreses

y me digas

que también te estás muriendo un poco

sin mí.

Y lo peor…

lo más vergonzoso de todo…

es que si eso pasa,

si algún día vuelves

aunque sea tarde,

aunque vengas roto,

aunque vengas lleno de otras bocas

y de otros cuerpos,

yo sé exactamente

lo que haría.

Abriría la puerta.

Y dejaría que entraras

otra vez

Fer

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