Harta la ceniza de bañarme
Serena honesto el ahora
En la locura que a mi cuerpo acude.
Y desde el alfeizar,
Humea mi aliento tibio
Al orbe desabrigado.
Claras brisas responden:
la nada mas pensada
Duerme en su faz sensible.
Lo ví en un sueño de verdad,
Tenemos que terminar primero
¡Y el cauto sol, señuelo del amor!
Creyéndome,
Sonrió tierno el oscuro
Y voy dejado al profundo
Pautado con el perfume de su idilio.
Acobijado de pianos,
Pintado de nubes,
Mi ácueo crepúsculo
Pestañea una mentira del polvo.
Veo hasta que el corazón
Abrase algún aire de calculo,
O quizá hasta que el sentir
Muera en la lengua.
Pero brisas, luminiscencias,
Reales dueñas
De nuestro misterioso escondite
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Penelope y la metafisica
Nunca un alma inmortal, más bien muchas almas mortales. Y no soy nada sin mí diablo
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