querida aerin,
para ser sincero,
mi corazón ha vivido todos estos años
en un invierno austral que no termina nunca.
un invierno
que se tragó la primavera entera,
que congeló los brotes bajo la cordillera
y convirtió cada latido
en un acto de resistencia
contra la escarcha sureña.
he caminado bajo nevadas,
con el alma hecha cristal quebradizo,
temiendo que cualquier brisa de septiembre
me rompiera del todo,
temiendo que en junio se reinicie
la temporada gélida
de un amor roto
que me persigue
como el viento patagónico.
no quiero vestirme de poeta
ni derramar lágrimas de tinta.
solo necesito que sepas esto:
tú eres el primer día de verano
que he sentido en mucho tiempo,
el sol que derrite la nieve
en los valles centrales.
eres la luz
que se cuela entre las copas
de las araucarias
cuando el hielo empieza a ceder,
el calor que hace crujir
la costra dura de mi pecho
como la tierra fértil
después de la helada
y deja que, por fin,
algo verde intente crecer otra vez.
si me dejaras acercarme,
si pudiera abrazarme a tu piel
como quien se abraza a la estación,
bajaría gustoso
todas mis defensas.
dejaría que el sol que llevas dentro
me quemara
si hiciera falta,
porque incluso ese incendio
tendría tu aroma
a vino tinto y sal marina,
y por primera vez en años
el dolor
sabría a vida.

mael
love, fleeting or fractured, leaves traces. like footprints in snow, they fade but never vanish.
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