Las sociedades están en constante cambio, y en Venezuela esos cambios son torrenciales. Los ciudadanos buscan constantemente opciones que les permitan generar ingresos económicos, pero todo es momentáneo, es como una especie de "boom"; los que se sumergen en los primeros lotes son los que reciben "la mejor tajada", refiriéndonos a la mayor cantidad de beneficios.
Difícil sería mencionar y, más aún, caracterizar cada uno de esos fenómenos socioeconómicos; esto sería objeto de una tesis doctoral. Antropólogos, sociólogos, economistas, politólogos serían indispensables para el análisis de dinámicas profundas en el día a día de los venezolanos. Pero que quede bien claro: estas dinámicas son diferentes en cada región.
Generalizar sería un sacrilegio, en un país donde en el oriente se vive una realidad diferente al occidente, centro-occidente y sur. Aunque esto no se trate de una clase de geografía, es indispensable dejar constancia que Venezuela es un país centralizado. Caracas es el centro de muchas cosas. En Caracas muchas crisis se viven con menor intensidad, y por ende la respuesta es distinta.
Este pequeño artículo solo abordará de manera superficial dos fenómenos en la sociedad venezolana, que se han arraigado en familias de bajos ingresos económicos. Rifas y loterías. Las loterías son antiguas, parte de la gente, "me voy a jugar un numerito", "Si soñaste con un muerto, tienes que jugarte tal número"; frases así han sido comunes entre familiares y amigos. No obstante, durante el período de crisis económica en los últimos 20 años, en un período estimado de 3 años, las loterías se vinieron abajo; sus esquemas no eran rentables.
Luego surgieron "los animalitos", un boom; en cada esquina abrían un kioskito donde vendían animalitos por allí en el 2017 más o menos, pero esto se vino abajo también. Entonces, recientemente han resurgido las loterías, la de los fines de semana donde puedes ganarte un carro y la diaria, donde te juegas tu triple o tu terminal a mediodía o en la tarde.
Nos preguntamos entonces si ¿son mecanismos fehacientes de ingresos económicos o simplemente un pasatiempo? Yo creo que ambas respuestas son correctas, y existe verdad en ambas. Muchos jubilados van a jugarse su numerito, incluso muchos kioskitos de loterías son espacios de conversación y compartir de jubilados.
Estamos obviamente describiendo comportamientos que se desarrollan en gran parte del país, y en sectores de bajos ingresos. Un detalle que no se debe pasar por alto, la mayoría de los venezolanos son personas de bajos ingresos económicos. No citaremos al respecto cifras exactas, (por muchas razones).
Ahora bien, las rifas son otro asunto y no nos referimos a rifas en RRSS, de sígueme, comenta, dale like, menciona a un amig@ y comparte en tus historias. Nos referimos a las rifas como negocios. Acá hacemos la salvedad de la baja suscripción de seguros médicos, nuevamente destacamos qué está aseveración la hacemos sin mencionar cifras oficiales; desconocemos si existen cifras oficiales al respecto.
Así, si alguien de la familia se enferma y muy probablemente carezca de un seguro médico, la familia hace una rifa, sí, una rifa donde los amigos y la comunidad compran un numerito para ayudar al enfermo. Muchos pacientes oncológicos han optado por esta medida para ayudarse. Pero no han sido los únicos, las rifas se han popularizado, desde las más extrañas, como una rifa para recaudar fondos para la cremación de una recién nacida.
Así como volvieron las loterías, volvieron las motos. Por el año 2000, en la mayoría de las ciudades y pueblos de Venezuela se popularizó el uso de motos; con ello, se incrementó la delincuencia, los delincuentes prefieren andar en moto, robos, muertes, inseguridad, y el resultado fue la desaparición de las motos del mercado. En Caracas no desaparecieron, pero en el resto del país era poco común ver una "JOG" o una Jaguar (marcas de motos populares), quien la tenía, poco la usaba para evitar ser víctima del amigo de lo ajeno... Pero volvieron las motos y con ellas el desastre vial, imprudencia total en el tráfico. Acá a la gente no le gusta usar casco y casi todos usan cascos inapropiados. En este resurgimiento confluyen "las rifas". Pero no para ayudar a un enfermo solamente, sino como negocio, personas que se dedican a rifar motos, línea blanca (electrodomésticos para el hogar). Esto último, no sabremos hasta cuándo será rentable. Es que acá, si algo comienza a generar dinero, todos lo imitan y se pierde el mercado.
Mientras los más jóvenes anhelan su SBR para hacer motopiruetas o andar a altas velocidades, los jubilados esperan ganarse un triple y, si es un viernes de quincena, mejor.
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