LOS SONETOS DEL PÁJARO CAMPANA
I
El Edén flamea en barco de arrebol,
sobre los mares altos del gran cielo,
desplegados en púrpura caramelo
con orgullo de un oro sin control.
Un hombre respiró sin suerte al sol.
Monje de cruz feliz, cruel su recelo
con ojos sin acento ni consuelo,
ascendió a su estero sin pañol.
Murieron Campanario y Monasterio,
escombros son de nácar y de llama.
Candela devoró su fiel imperio.
Las brasas se alzaron con su drama,
y el rojo funeral fue su misterio,
mientras las campanas eran su cama.
II
El cobre se fundió, y de la solapa
campanera espumaron, sin medida,
altivas plumas, viento en sacra huida,
cefirino ritual que no se acapara.
Pan de cielo, de nube fue su capa,
rostro surleado, tronco sin abrida,
piel esmeralda, verdeazulada vestida,
vagalume de luna tan hermosa.
Consorte de cabeza cenicienta,
vientre bermellón, dorada estampa
de olivo en arpa sutil y opalescente.
Monje ruin, su cuerpo se presenta
arante por el polen que lo arrampa,
aledaño al celeste adolescente.
III
En la extrañeza azul de la inmensidad,
un barco de arena americana flota.
Él está, diminuto, y se denota
hablante en su secreta identidad.
Campana de un silbido sin piedad,
de tintineo en plata que no brota,
no trina, no gorgojea ni azota,
más mece el monte en muda suavidad.
Si lo descubres, nace el viejo mito:
un pueblo disimulado de arrebol
aguarda redescubrir su miembro escrito.
Se sujeta en la rama del rincón,
y alarma a la pradera, en verde grito:
el pájaro campana en su canción.
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