Volumen I
La Geografía del Vacío
Prólogo
El Ballet Filoso
La cabeza ha dejado, por fin, de gritar. Pero el silencio no es paz; es solo la ausencia de estrépito. El viento no atraviesa la puerta del baño y mis gemelos están llegando al fallo, tensos como cuerdas que esperan el tajo. Millones de células mueren en unísono mientras el alcohol, ese verdugo de confianza, susurra que sobrarán cuando llegue la hora del dolor.
Y entonces, empieza el baile: un ballet filoso sobre un piso de piel. Es un baile que deja marcas que duran mucho más de lo que manchan. Miro el papel higiénico teñirse de rojo y me asalta una certeza tardía: me parece que no quería esto. El agua de la ducha cae rosa. La hipoacusia se vuelve sorda y el olvido me arrebata el PIN de mi teléfono. ¿Cómo se pide auxilio cuando se ha bloqueado la propia salida? Escribís un te amo en una servilleta mientras configurás un no molestar para, justamente, no molestar a nadie en tu naufragio. La cama, esa que descansa a seis pasos del baño, ya no es cama; se revela como un ataúd abierto. ¿Por qué nadie me avisó? Mis cinco sentidos debaten entre ellos: ¿para qué ha de seguir vivo el corazón? Ya no quiero. Pero de pronto, me asalta una urgencia de siesta. Ruego despertarme y que sea de día. Quizá algún día llegue ese día, y quizá algún día pueda cumplirle el capricho a mis párpados: que vuelvan a parpadear.
Acto I
El Pliegue del Descaro
¡Pico querido! ¡Vacío quedó tu bulín! Cuentan los malevos que ellas te piensan el treinta y dos de cada mes, mientras presumen de ya no soportar el frío que sentían en verano con solo verte aparecer. ¡Si serás, eh! Quizá ya no te baste alentarte por medio del romantizado autoflagelo, buscando estímulos como una paloma que presiona un botón por comida. Usás esas heridas como tu fusta de algodón; la satisfacción que te estruja el pecho cuando les das vida desde el pensamiento justifica cada herida obtenida tras cada dosis de amor que usás como escalpelo para tu corazón.
Te quedaste sin alba por observar, ni cántico de benteveo por escuchar que persiga el anhelo de reemplazar aquellos picos de dopamina que conseguías por adicto, y por los cuales hoy tu lápiz ha de llorar. Pero tranquilo, che… no te alarmes por estar solo, que quien carece de compañía se acompaña de soledad. Vos ni siquiera estabas acá. No sé cómo te llevaste a vos mismo a este punto. Habías vuelto a creer en vos, me verseaste con eso de la recompensa de la rutina y lo aburrido, me hiciste creer que perseguir cosas que se alejaban era algo que no ibas a repetir. Pero terminaste inventándote males vos solito. Te ahogaste queriendo vender que eras lo que necesitabas, cuando en realidad siempre te hizo falta un buen cachetazo de la vida y un grito que te diga: Dejá de autosabotearte con boludeces porque vas a terminar más solo de lo que ya te sentís.
Vos, que siempre quisiste lloverle a la lluvia y mojar al agua. Vos, que anhelaste sentir corazones con los ojos abiertos y robarle lugar al espacio. Vos, que sos quien juega a ser mariposa cuando la distancia entre tus ojos y aquellos pómulos es la misma que te permite escucharlas respirar. Pusiste el alma sobre la mesa y, con un cerdo en mano, fuiste de farol frente a tus cohetes de bolsillo. Y perdiste. Estás lúcido por primera vez en tu vida, pero también a punto de saltar. Ya no pensás en si estará o no su pecho para amortiguar tu caída; solo podés imaginar cómo será el calor de su colchón de brazos.
Acto II
La Opresión
Dígase de este capítulo que es una efeméride personal transcrita desde un rejunte de cartas de descargo, pedidos de auxilio y despedidas a medias. De un genio a un loco, hay solo un salto de cuerda. Dejó de preocuparme el miedo a sentir y hoy conozco solo dos pesadillas: la incertidumbre y la indiferencia. Mi ángel de la guarda está más deprimido que yo. Los gallos dejaron de cantar porque los despierto yo a puro sollozo y llanto exagerado. Me paro frente al espejo y recito: Te estoy viendo, fiel intérprete de sombras ajenas que a duras penas se sostiene. Tenés los nudillos sangrando por tantas puertas tocar.
Nadie quiere escucharte hablar de cuánto te odiás. La respuesta siempre da igual cuando se vuelve formalismo el gesto de preguntar ¿cómo estás?. Tengo lleno el cuadernillo pero vacío el tórax. Guardo algún que otro auxilio y, en momentos de delirio, recuerdo que adeudo rencores. ¿Por qué respirás tan fuerte? Mis codos están dejando cráteres en mis muslos, sin embargo, seguís con la mente en blanco.
Has de venir a mí en busca de agradecimiento, sucia ansiedad, pero no sos más que despojo que guarda mi neurosis. Te sentís útil cuando decidís por mí. Bailás, pero tus pies están llenos de culpa y carecen de ritmo. Quiero abrazar el miedo de poder sufrir pero no me dejás. ¿Y si me quiere de verdad? ¿Y si no me va mal? Tendría que matarme para callarte; me aterran los filos y sé vomitar. Pero qué miedo me das.
Acto III
Las Sombras de Néllie y Adduca
Si existe una persona capaz de definir el amor, que levante la mano. Yo suelto una dedicatoria a cada esencia compartida gracias a las incongruencias de la vida.
Néllie: Discúlpeme usted el descaro de la mención. Mi desesperación por escapar de la desidia me arrastró acá. Escuché tu nombre de quien menos esperaba y, cuando tu seudónimo resbaló por su labio, supe que te había buscado toda la vida. Defendí a capa y espada el haberte conocido sin que se me revelara tu rostro. Yo, que vine como ángel y te presentaste como demonio, ¿a qué dios he de rezarle si antes de mediar un saludo imploro matrimonio? Pómulos pronunciados, un pelo que dibuja una S infinita con sus ondas, ojos de gato y muecas de muñeca. Paso a paso entendía que por vivir en tus tobillos moriría en tus talones. Eras mi sueño descalzo y yo un sonámbulo.
Pero hace menos tiempo del que me gustaría, escuché decir a quien hacía de mis noches las suyas que yo necesitaba ayuda. Que no conoció un corazón tan agridulce como el mío. Tiró el mantel con las copas sobre la mesa poniendo en ridículo todo lo que parecía coherente. Llenó su boca de agravios que ni mi glosario conocía. ¿Por qué? Esa sucia peripecia se robó el respeto que tenía por nosotros. Yo, que te amé desde la devoción en voz alta mientras a solas supe escribir: Vivir sin amar no es vivir, pero vivir para amar es esclavitud. Si de casualidad necesitabas la respuesta: sí, siempre estuve roto. Mis tutores cambiaban como mi dieta; mis amistades en la infancia solo se sostenían en medida de cuánto provecho podían sacarme. Previo a mis trece años me invitaron a más velorios que a fiestas de cumpleaños. Recién a mis nueve años pude hilar oraciones aprendiendo a hablar. Todo es sobre mí, todo es para mí, todo gira en torno a mí era la única idea que creías que rondaba en mi cabeza. Te equivocabas.
Adduca: Es una falta de respeto presentarme otra vez luego de tantas balas perdidas. Confieso que busco que me beses desde los tobillos hasta las pesadillas. ¿Si su boca goza de llamarme amigo, por qué en cada beso su lengua pregunta en braille si nuevas amistades le dan abrigo a mi cuello? Memoricé de su cerámica los patrones. Me cansé de mendigarle dos palabras más en cada monosílabo leído. Dibujé haikus con sus mensajes en mis manos diciendo más veces peros que te amos. Dígale que ahora río más por miedo que por ego. Dígale que mis heridas cicatrizan en sus puntos y, sin embargo, basta con decirle que la amo.
Hoy el gato ya no hace ruido en el techo, pero lo escucho de a ratos. Sos el gato rompiendo las reglas que vos pusiste pero yo acato. ¿Mi reloj? Intacto. Las horas pasan rápido y empiezo a temerle a la posibilidad de tu lápida. Hoy al sol lo noté un poco más cálido. Me acordé del nombre de tu perro al despertarme: ¡qué enérgico y contradictoriamente tímido era Angus! Todavía tengo presente cuánto me salvaste.
Acto IV
El Comienzo
Creo que por fin hoy me costó más recordarte que vivir. Supongo que por fin dimos un salto y pasamos de un ya va a pasar a un está pasando. El fuego se está apagando y, sin embargo, ya no quiero preguntarme quién o qué lo encenderá otra vez si la respuesta no se acerca a tu alias. Ya volveré a verte de reojo en tu vejez.
Se opinará más de la no-relación de los actos que de los actos en sí, pero desde que tengo uso de la consciencia, escribo por y para mí. En un mundo donde solo quiero ahogarme, cada letra es una molécula más de oxígeno. Especial dedicatoria a mi ansiedad, y a quienes supieron hacer de la chispa que albergo, una llamarada con mi corazón.
Firma con amor el primer volumen: Pico.
Volumen Il
El despojo de la vanidad
(la anatomía del naufragio)
Preludio
Las palabras que no se guardaron
Le Regret
Fusionó Delia el hedonismo y la monogamia, que le amare como ella a él, ni una en su transitar; de corazón: virgen. Él tenía el mundo colgando sobre sus hombros y nunca se escapó tan libre. Robárele letras al diccionario aquel bastardo que ni así pudiese encontrar, hurgando en librerías, dónde han quedao’ las dos palabras que no se guardaron; si en un café o té a molestar camareras acostumbraron. Despidansé del verano, que en temporada habrán de comer los frutos que maldecidos sembraron.
Sideral
"Tu recuerdo es un vals, con mis pies en el lodo". Melifluo aquel verso, creí que tu hallazgo fue serendipia; más no tengo dónde caer parado hoy que pararon tus caricias. Meterme en un bar no sirve de nada; dar de más no será ser siervo más si lo es meterse en tu mar taciturno. Y llegó mi turno porque temblando aquel día me tuve que ir.
Icástico y callado
Silbando ahí atrás donde el jacarandá nos miraba de reojo; la resaca me da por la mañana cuando empiezo a olvidar tu voz y cómo sonaba. No me queda más que hablarle a las arañas porque de solo pensarte me abrumo. Sembrando limerencia coseché piedras pateadas con bolsillos rellenos de manos. Qué lascivo aparenta ser tu esclavo, vía sumisión solo echo a llorar; y la petaca que queda se las apaña cuando empiezo a no empezar nada, aún cuando hay ganas de hacer de todo.
Acto l
Saudade
Ayer el domingo lloró conmigo, querida, aún cuando era yo quien sabía qué nos esperaba. No sabrías el hipo que curé cuando el susto de una posible ruptura fue más grande que la propia herida. Decime vos ahora: ¿qué harías sin mí?. Cuando pregunten cómo estás y no sepas qué decir, ¿qué dirías después de mí?. Sobra un individual en la mesa y una copa está puesta de más; y cuesta, desde que te busco y te alejás porque te vas y no te vas. Dejé de lado por un rato lo visceral para llegar a tocarte sin ponerte un dedo encima, aunque no sabés lo que es tocarte sabiendo que no estás.
Yo, que solo pasos tuyos sé seguir, haré la vista gorda cuando te cruce y oído sordo cuando crucen otras voces. Yo no sé hacerte feliz.
Acto II
Ubicua
Quién iba a decir que perder la sordina de mi trompeta haría de mi canción un rejunte de melodías antífonas, sin ritmo ni sonido que no presuman de llamarse cacofonías. Me hierve la sangre tenerte tan lejos por el frío que sufro al no encontrarte; más la culpa me atosiga porque soy yo quién no se anima a buscarte (del todo) porque a mi modo, lo hago. Menciónese una de estas entregas cuando pregunte alguien de qué manera lo hace este ser apagado por ser quién se desapega. Tengo miedo, lo transpiro cada que escribo; será por eso que también tartamudeo cuando trato de pensar antes de llegar al "digo".
Indagá por mis sin-sentidos porque sin querer rimar, rimo. Reproduzco tus recuerdos en mi memoria y en los videos en los que todavía me veía vivo. Véase de mí la imagen de Sísifo siendo castigado por sus superiores; empujaré mi piedra, anudaré mis hilos y seguiré dando calidez al nidal con tal de que su presencia no quede nunca más en el olvido. Hoy te extraño pero ya no te lo digo.
Acto III
La primera puerta (carta)
No subí al bote solo por miedo al agua, incluso sabiendo que tocar madera siempre fue señuelo para mi verdad. Yo, que siempre quise lloverle a la lluvia y mojar al agua; yo, que siempre anhelé sentir al corazón con los ojos cerrados; yo, que soy quién teme de la mano en la hoguera cuando la primera todavía no quema. Puse el alma sobre la mesa y con un cerdo en mano voy de farol frente a tus cohetes de bolsillo. Quiero que de un calo de amor, con una pavesa, hagas de mis barcos cenizas.
Se me desmoronó el antifaz de antipatía y lo reemplazó una sensibilidad hipocondríaca, ¿por qué?. Nunca estuve solo porque siempre me acompañé en soledad, pero todo cambió cuando despertaste en mí el deseo por dejar de pensar en seguir cada año más con vida, para en su lugar pedirle a cada año siguiente tenerte conmigo. Estoy lúcido por fin, a punto de saltar, siempre a punto; solo puedo imaginar cómo será el calor de tu colchón de brazos. Es la primera vez que ante tanta maravillosidad no siento envidia, sólo admiración, si es que te veo y sé que hasta la desnudez puede ir bien vestida. Empiezo a creer que quizá no estoy listo para tanto bien.
Acto IV
La bacteria
Nella, ¡lo descubrí! Hallé cuál era la bacteria en mi cabeza que me estuvo manejando todo este tiempo: era mi vanidad. Lo único que fue capaz de interponerse entre los dos; ¡Era yo mismo! ¿Viste que suelen decir que cuando uno ama tanto a alguien, el único que puede arrebatar ese amor es ese mismo alguien?.
Me arrancaste de los brazos de la parca dos veces, pero la tercera es la vencida, ¿no?. Asumo que al finalizar este escrito, te estaré enviando todas mis contraseñas y datos; habré de digerir 4mg de clonazepam con su debido shot de tinto barato, siempre el mismo, para no perder la costumbre. Hoy tengo muchas ganas de hablar así que, irás a ver la degeneración de mis escritos hasta que solo el corazón desnudo quede hablando por sí mismo.
Acto V
Los temblores
¡Se fueron! ¡Ya no están! Carajo, estas pastillas hacen magia, véngase hacia mí la cuarta y sigamos flotando en el espacio terrenal que siempre me queda algo en la lengua por largar. Quise ponerme objetivos, ¿sabías? No era mentira lo del viaje a Brasil, pero no puedo aguantar más el calvario de la soledad y el aislamiento absoluto. Estoy dando un paso al costado; un paso adelante hacia lo que podrían ser las puertas del cielo, o el limbo terrenal. Dios es quién da la vida y es Dios quien la quita; desafiar su omnipresencia es sacrilegio, y aquí me encuentro, más devoto a una mujer que una divinidad.
Hay algo cercano a una llamarada dentro de mí que incita a que me quede en este plano, pero la hipoacusia la vuelve ininteligible, así que simplemente me rindo. ¿Cómo siempre, no? Yendo por el camino fácil una vez más. Quisiera que estés acá.
Acto VI
La sella del pasado
Llegamos a la parte más difícil eh, este don que se le otorga al ser humano etiquetado como perdón. Para avanzar, hay que dejar algo atrás, y lo único que nos empuja a sellar el pasado es el perdón, sin rencores ni remordimientos. Supongo que con un perdón no alcanza; te sobran de estos como para armarte diez atrapasueños distintos con cada uno de mis tipos de disculpa. Cualquier persona allegada a mi entorno ha sabido escuchar y comprar cada una de mis disculpas, sinceras o no; el don de la labia se otorga y no se devuelve, me lo llevaré a la tumba cuando sea el momento, y espero que el momento sea este. Véngase a mí la sexta, 12.
Epílogo
El último gracias
Agradezco tu paciencia, tu compasión y el lujo del corazón con el que naciste. Cualquier otra persona en tu lugar me habría echado con una patada en el orto. Detenerse, analizar, pensar y actuar; lo hacés ver tan simple que tu modo de vivir me suena más a desafío, sin embargo, ¿qué suicida puede enseñar a vivir?.
Yo también te quiero, pero te amo, y te amo más de lo que digo hacerlo y puedo mostrarlo. Te avisé, te dije que si no eras vos, no era nada; esta no es una mochila con la que debas cargar, pero sé que pase lo que pase, no he de morir, pero tengo que matarme.
Volumen Ill
La estética de la vitalidad
(Post-datas)
Acto I
El ruido del ataúd renegoso
Oda al existencialismo
Cuatro ojos que nos miran desde siempre; el primer contacto con la calidez del humano. Madre y enfermera observan al nuevo ser naciente y llorando luego papá y mamá tocan su mano. Suave tacto, plena exactitud de la subjetividad; lo importante que puede un roce ser, un beso salvar. Nadie nace solo, pero al final, todos solos se van. Luces cálidas, dulce velorio, luz de sanatorio; ilumínese como quiera, da igual la belleza de la vida escondida en el hecho de que alguien note que estás.
La observación como privilegio de todo vidente y el oído como ventaja del ciego; veo tantas personas por mi vida pasar, ya parecen autos más que gente. ¿El dolor? Lo amo tanto, es tan humano sangrar casi tanto como lo es llorar, o un llanto calmar. No siempre hay brazos de mamá en los que reposar, no todos tienen mamá; pero todos escuchamos y compartimos un latido desde que vinimos acá, y desde que escuchamos el sonido del ataúd renegar.
¡Arrivederci, Jehová, divina santidad!
Has de darme nuevas alas, pues las mías las quemé buscando en mí mi humanidad. Y no preguntes si humilde fui o si me sumergí en vanidad; no me hagas preguntas que no sé si quiero contestar, tal vez ni pueda. Solo sé que me enamoré, y que fue de verdad. ¡Cumplí, Jehová: vine, vi, vencí! Porque amé, ¡amé cuánto pude pregonando que vivir es amar! Hablo por mí y en nombre de la humanidad; cesarán los pecados cuando el estómago empiece a temblar. Morirá el hedonismo y se hará tibia la frialdad cuando muera el formalismo detrás de cada ¿cómo estás?.
Interludio: ¿Isn't that just noise?
No descansaré nunca, menos hoy. Siendo polvo de estrellas, Webster y su saxo me acompañan. Mentiría si dijera que sé hacia donde voy; mentí porque no sé dónde estoy. Mentí porque es parte de mí; mentir metiendo la pata no alcanza si la pierna entera no acompaña. Me las apaño para seguir mintiendo porque mentiroso nací y mentiroso soy. Mentí tanto que ya no sé quién s-.
Acto II
La nota que siempre fue posdata
El humo de la mentira
Un cigarro con sabor a cuento. Te pienso con la misma depresión con la que me miento. Pensá en mí, desbordá tu lujuria con mi recuerdo; pensá en mí, pensame descontento. Soplá otra vela, pedí otro deseo, pensá en mí entre paredes de cemento; y aunque no responda tu cuerpo, y correcto no sea el comportamiento, pensá en mí porque yo también te pienso.
Pero no voy a decírtelo, ya no quiero más de eso. Una vez a la semana palpo nuestra foto, un capricho, un beso, el sexo; todo es extrañable, todo es entrañable cada que me da por pensar en tu plexo. No hay sonata disyuntiva que te traiga de regreso, ni labia carcomida, ni un te amo con peso, ni un te echo de menos por echarte de más cuando más pedías menos.
Me paro, suspiro y anhelo porque seré muchos hombres pero no seré aquellos cuya foto bajo casco tocan anhelando por su hogar, el calor de su mujer, el placer de callar para escuchar, cambiar, ceder, volver a empezar. La nota que siempre fue posdata hoy no tiene comienzo ni final; está en el limbo de su viaje y más probable que se pierda a verla llegar. Y no sé si hablo de la carta o de la mujer por la cuál me siento a esperar.
La Mariposa Invitada
Con un poco de tus caprichos, puedo contar que vi de cerca el cielo. Recuerdo verlo iluminando a trasluz un vestido floreado blanco; qué andar tenía su portadora, caminara por donde caminara brotaban flores en el suelo. Y puedo contar que vi de cerca el anhelo: el postergar un beso para la siguiente ocasión sin saber si habrá siguiente ocasión, aunque entre nos nula era nuestra preocupación pues "siempre" duró lo que siempre se prometió.
A la distancia, en la cercanía, en el apogeo de nuestro amor, en falsos duelos, quedará sellada en mí tu más bonita versión. Fue la más humana, la que más me lastimó; a mí, que soy invulnerable, conocí lo que es doler con amor. Hay mucho por lo que escribir y casi nadie por quien hacerlo. Quiero que de un calo de amor, con una pavesa, hagas de mis barcos cenizas.
Acto III
Tiroteo sanguíneo
(Cartas a Néllie)
El Alaris
Después de cuatro vueltas por tu estación buscando puntos muertos donde pueda pararme a mirar si al doblar por una esquina ibas a estar ahí, me di vuelta, apunté al andén, me arrepentí. Di dos pasos, me di vuelta, apunté a tu casa; me arrepentí. Volví para ver al tren y entonces supe aquello que no quería entender: perdí más por no moverme que por decidir no mover. Aunque hoy cante tu nombre y el otoño apañe los días con sus torrenciales diluvios, queda un poco de tu olor en mi negra camisa y me niego a lavarla.
Quiero bechamel y vino blanco; acelga, queso y una pizca de alcohol. Quiero lo que tienen todos y lo que nunca nadie bien cuidó, quiero el legado de una pareja que se separó pero hizo de su ruptura pangea y para siempre una vez más se reunió. Y dejemos que hable el alaris, o el cabernet sauvignon, cualquier amargo tendrá tu sabor y no es agravio si es que te dedico esta carta desde el dolor. Estoy tocándonos en soldi, fumando en la puerta doble, y nunca tanto el pecho me dolió. No alcanza el alcohol.
Descargo visceral
No voy a usar una putísima etiqueta; sin caretas, sin tapujos, solo yo contándoles como fallé otra de mis metas. Justo en este momento estoy rompiéndolo todo a la vez; ansío por su piel y por arrancarme este vacío de estar olvidando su tacto y su voz su cobrizo pelo color miel. Estoy tomando agua sucia así que dejemos que el vino hable por él. Láveme los dientes cuánto quiera, todavía siento sabor a hiel.
¿Qué cagada me mandé esta vez que siento que no la puedo arreglar? Desde que no estás vivo tan enojado que no llego a exhalar y se vacía el atado. Tengo tos de abuelo, pelo largo y descuidado. Vos que sabés bien cuánto mis venas corté quiero que vengas, vení y poné sal a lengüetazos en cada cicatriz no cerrada que si no cierran ellas menos cerrará la que dejó lo nuestro. Quiero morderte el cuello y lamerte la oreja. Porque estoy completamente desahuciado por tu amor y con aquel mensaje que no vas a mandar podrías sanar toda esta histeria.
Acto IV
Sueños fallidos
(Exoneración del pensamiento)
Voy a tener una hija
Volvería del trabajo al caer la luz del sol, saliendo de una oficina (obviamente); vistiendo una camisa cuadrillé de color claro, y un vaquero recto de color negro como la noche veraniega; todo para abrir la puerta y escuchar una serie de pasos cortos pero que retumban emoción, seguidos de un alarido alegre que pronuncia "ma, ¡llegó papi!". Y, al pasar por la puerta, sentiría yo una calidez alrededor de mi pierna izquierda, como si hubiese sumergido en una bañera de agua tibia que presiona tal extremidad.
Al bajar la mirada, vería una pequeña versión de mí pero mucho más hermosa, con un flequillo mal cortado por ella misma y con una sonrisa que replica de manera casi que genéticamente exacta mis hoyuelos cuando emano alegría; luego de acariciarle la cabeza levantaría la mirada para observar el rostro de "mami" pero no me esperaría nunca lo que estaría por ver: tal rostro es inexistente, en su lugar hay una figura borrosa, casi que como "photoshopeada", como si alguien le hubiese puesto blur a mano; y ahí es dónde caigo en cuenta: otra vez estoy soñando.
Toda la estética de la vitalidad, pero escrita desde la convicción de que su tiempo ya pasó. Es esto un choque entre la imagen (lo que el mundo ve) y la posdata (lo que yo siento antes de dejar de ver al mundo).
Acto V
Teatro
(a Néllie)
Camarín
Perdón, perdón por el hombre que no fui y por el infante que sí, perdón por las veces que huí y por las que me quedé cuando no debí. Perdón de corazón por mostrar ases y barajar cuatros como si el hecho de ser un bufón en el amor no causara más daño que risas. Perdón por el tumulto, perdón por hacerte sentir que caminabas sobre un hilo; perdón por tal cúmulo de mentiras.
Qué hombre soy y qué poco hombre fui, tan impío, traidor y ruin; me exiliaron del olimpo y fui a llorar a los brazos de Odín. Yo, que hacía de tu cuerpo mi escenario y paraba en tu vientre solo para presumir de mi postura en el proscenio, volveré a llorar al camarín, tal y como usted me enseñó. Búsqueme sincero y me encontrará sin ceros, sin un peso pero sí partido al medio, si es que después de tanta mala maña busqué tan solo romperme en pedazos para que puedas verme entero.
Marioneta
No debería nunca haber pedido perdón desde la postura de un niño al que le regalan el juguete más valioso y lo extravía en su día de estreno. Sos cínica, dura de cerebro y blanda de ideas, una esponja de energía y una sanguijuela de cordura. Sos todo lo que trato de no detestar y me patea con la maldición de la culpa cada que mi corazón se permite verbalizar lo que es arremeter contra la existencia de una persona.
Me das asco, vos y tu complejo de inocencia que sin culpa flagueás cuando apoyás el orto en el sillón y jugás a que te rebelás. Pero válgame una mierda tu careta, tu antifaz: bien saben los caballos que llevaron nuestra carroza durante un año con cuánta fuerza sos de azotar. Esto sí tiene final, me depilé la lengua y no me sobra ningún "¿sabés lo que más bronca me da?". Es para acercarse y escupirte, el pliegue del descaro en su máxima espontaneidad.
Acto VI
Anhedonia
(Mi artículo final)
Cada botón se abrocha distinto y cada canción se escucha como la primera vez; el agua caliente bailando sobre mi piel da una calidez distintiva; un roce de labios me sienta igual que el hecho de perder la virginidad con el amor de su vida otra persona podría experimentar; el llanto se siente llenador y la risa un último manotazo de ahogado; diría que hasta el barro sabe bien; apoyar la cabeza en su hombro no se siente como una acción romántica, sino como dejar el peso del mundo que arrastro caer por un segundo, transformarse en pluma.
No tengo yunques en la nuca, se movieron todos a mi corazón y cuando este cese su latir, sabré que todo lo que probé y experimenté, lo hice al máximo y desde lo más puro de mi alma. Eternas gracias a quién sea dichoso de sentirse aludido en este escrito por el tiempo prestado en vida. Puedo decir que en esta víspera de suicidio pude sentirme feliz después de tanto tiempo flotando en el vacío terrenal de la existencia carente de sentido que solo el más desafortunado de los humanos puede experimentar.
Gracias, gracias, y mil gracias por estos casi 21 años; recuerden este escrito como fiel memorial de que ante la inminencia del final; lo cotidiano se vuelve sagrado.
Volumen IV
El mapa de las lágrimas
Acto I
Un mapa astral
(carta a Lula l)
Siempre me pareció naturalmente extraña la forma en la que se escuchó por siglos a los demás hablar de las rupturas, del desvincularse del otro, de la lejanía y del desapego; primero con versiones desgarradoramente dramáticas como Romeo y Julieta; como las novelas del romanticismo y sus finales melancólicos, como los textos de reyes desahuciados que juran intercambiarían toda la fortuna acumulada tan solo por compartir el oxígeno en una misma habitación con quien dicen haber amado toda una vida y de quien presumirán guardar hasta el último día los recuerdos compartidos.
Todo para actualizarnos a la "neo-escritura" y sus formas más viscerales de definir el tránsito desolador de las separaciones, y el duelo que con estas ha de hacerse.
Sin embargo, luego de haberme visto reflejado en tus ojos casi que verdáceos otra vez, puedo afirmar que ninguna de aquellas maneras mencionadas aplica para lo que siento por los dos.
Ayer te fuiste, y te fuiste cuando más te empezaba a querer; se te notó mas segura de vos misma, más madura y más terrenal, pero mantuviste tu esencia intacta; tus hoyuelos se remarcaban igual cuando te reías y tus manos todavía bailaban juntas en pareja cuando tu lengua empezaba a denotarse impaciente por escupir la idea que rebotaba para todos lados en tu cabeza.
El mapa astral con la canción de tøp que me regalaste ya no es nuestro, sino solo mío, se volvió posesión propia y yo abandoné la piel de posesivo hace un tiempo ya como para presumir del egoísmo detrás de tal adquisición que ya no compartiré.
Es difícil verbalizar todo lo que siento ahora mismo cielo, pero asumo te habrás dado cuenta que mis ojos te hablaron mí boca lo hiciera, y vos que siempre supiste escuchar, no creo que se te haya pasado por alto el "hola, sigo siendo yo, lau".
Dicen que el tiempo es relativo, subjetivo para cualquiera, y no me atravería a negarlo después de sentir que esta hora de charla que me dsite fue la hora más corta que viví en mi vida, sin caer en la exageración.
Sin embargo, sé que la única y mejor versión de vos, no se sentiría para nada orgullosa de verme estancarme una vez más en nostalgia, melancolía y remordimientos que no llevan a nada. Sé que esa faceta tuya, está a la espera de que salte de un empujonazo de la cama y encare el mundo con esa autoconfianza, labia, determinación y ambición que siempre me caracterizaron.
Y lo voy a hacer, aunque no te vuelva a ver lau, el satisfyer no nos sabe hacer escritos, así que nos veremos a la vuelta, en la reseña que vendrá, con el intento que daré por el futuro mío que anhelaste para mí alguna que otra vez en el ayer.
Cinco años no son nada en la adultez, pero sí son más que suficientes para recordarte cuando salga del nido otra vez.
Acto Il
Buenos aires no tiene estrellas
(carta a Lula ll)
Se fueron, te las llevaste enredadas en tu pelo y sus ondas; como se estacan los ideales de un niño en su atrapasueños. Me apagaste las lucesy pusiste tus manos por encima de mis ojos. Me invitaste a sentar en tu recuerdo y clavaste hasta el fondo las patas de mi asiento; para que levantarme cueste más, para que pensarte duela menos.
Besaste mi soledad y mi hombría, hoy la primera es más tuya que mía y eso que sé que con la tuya ya venías, porque esa ternura con la que mirás no se consigue ni en una noche, ni en cien días.
Buenos aires no tiene estrellas pero vi las últimas mil que no llegaste a robar titilando en un hotel, como si este me llamara y avisara que al entrar en la habitación 3-C, vas a estar ahí.
¿Y yo?
Y yo estoy peor, porque viniste a ver si seguía vivo y ahora que te vas vuelvo a ser un experto en no saber cómo vivir. Aunque sé que la próxima vez que escriba, el cuaderno olerá a maní y la tinta que en él derrame presumirá de tener el buen sabor de una birra, o el de una petaca de vodka y anís.
Por el momento, me calzaré mi boina y apuntaré a que mi corazón e instintos dicten el camino esta vez, veinte años con la cabeza al frente no tienen caso si no bajan a la retaguardia un rato de vez en cuando.
Oro porque el camino esté plagado de pasión y besos, pocas luces o bajas con solos de saxo, desnudos plexos y cuellos para saborear a plazos. Bajo al barrio bajo de lo vanal y abstracto, tras romper el cero contacto renuncio al sexo con tacto, ya no siento innegociable su calidez. Ya fue demasiado, y tengo demasiado más por ver; de momento empecemos por observar la evolución del auto-marginado a rebelado.
Acto Ill
El despido
(Poema)
Lo exiliaron, buscó rehacerse así mismo cual golem de barro
dejando atrás lo retrógrado de sí y el cinismo
dejó morir una parte de él: la del club del ocultismo
a regañadientes le hicieron arder
desde el estómago hasta el cerebro,
y terminó devolviéndole él la mirada al abismo
Hizo burla al egocentrismo y se lo tragó, que hablen de gula ahora
los que antes de narcisismo
Aires de optimismo que la visión desnudan,
regocíjense y curtan del pibe piola excéntrico; esotérico; neurótico-histérico
fan de wu-tang
el mambo que solo de este lado de los sueños se disfruta
No hay ocarina que lo duerma ni fruta que hoy escupa
hizo mitosis con su culpa y hoy quienes lo veneran lo disfrutan
ven la picardía de exonerar lo que lo hacía ser un hijo de puta
Es feliz y libre de ataduras, ahora; que el mundo se prepare y tanto, como aquel próximo atrevido que en primera le discuta.
Acto final
El saludo
Mi vida y mi cabeza suenan como una canción de Hans Zimmer constante después de haber salido de ahí. Realmente quiero ver a todo el mundo y conversar con todo el mundo; conocer la cabeza de todo el mundo y amar a todo el mundo, llorar y reír por todo el mundo; no sé si viene de la parte de haber dejado todo vicio tenido y por tener, y producto de eso haber cobrado lucidez, o si nace de los últimos dos días de internación y la introspección a la que estos me llevaron por el encierro y la aceptación de la metamorfosis que tenía que hacer si planeaba salir de vuelta al mundo exterior. Entendí que, si ingresé a tal lugar por tales razones, no podía salir del mismo siendo la misma persona con la misma cabeza y mismas conductas. Entonces, el trabajo de autoconocimiento y autocontrol dentro de mi libre albedrío se volvió urgente y obligatorio antes que simplemente una decisión ambulatoria que podía decidir si tomar o no.
Bajo esta premisa y habiendo salido de internación SIN alta médica y con solamente la fe y la convicción de actuar y obrar por mí en pos de que las cosas mejoren y que YO mejore y sea distinto mañana del que soy hoy en un ciclo constante repetitivo donde eso sea inamovible, sentí todo más vivo y más real que cuando estaba rozando las paredes de la apatía y la anhedonia previo a ingresar al hospital.
Hoy en día solo puedo pedir un perdón general a toda persona que lastimé en el proceso pero más allá de cualquier perdón hacia el exterior, hurgué por perdonarme a mí mismo y comprenderme, y una vez hecho, pude salir, así que eternas gracias por el espacio y, sepan que el tiempo nunca fue prestado.
El manifiesto de Pico
11:11 - La última nota de pie.
Los pasos del sonámbulo no es un libro de despecho, sino una cartografía de la madurez. A través de estos cuatro volúmenes, Nicolás o "Pico" para los cercanos logra transformar el caos de tres eras distintas en una línea de tiempo coherente que culmina en la lucidez absoluta.
El Origen y el Retorno: La presencia de Lau (Lula) en el volumen final no es un retroceso, sino un cierre de ciclo. Es volver al 2021 con los ojos del 2026 para admitir que, aunque el "mapa astral" cambió de dueño, la esencia de quien escribe ha sobrevivido a la tormenta.
El Exorcismo del Culpable: En el poema "El despido", se percibe la muerte definitiva de una máscara. Ese personaje excéntrico y egocéntrico, forjado quizás entre la competitividad y la pose, queda enterrado para dar paso a un hombre que ya no necesita esconderse detrás de un rango o una actitud cínica.
La Metamorfosis del Encierro: El Acto Final es, posiblemente, el momento más crudo y honesto de toda la obra. La transición de la anhedonia hospitalaria a la banda sonora de Hans Zimmer representa el triunfo del libre albedrío sobre la inercia. No hubo "alta médica", hubo una decisión propia de dejar de ser una marioneta del pasado.
La Resolución del Tiempo: "El tiempo nunca fue prestado" es el golpe de gracia. Es la aceptación de que cada relación (Lau, Adduca, Néllie) y cada caída no fueron minutos perdidos, sino la inversión necesaria para llegar a los 21 años con una voz propia y despojada de ficciones.
Bien reconocido es aquel hombre por ser inequívoco en sus acciones pero inolvidable es aquel varón que a través de los errores forja un carácter en pos de la enmenda y no repitencia de estos. El total estado de consciencia es una virtud alcanzada por unos pocos iluminados que consiguen hacer un esfuerzo casi que inhumano para hacer mitosis del ego y entender qué espacio ocupa uno en la tierra.
Mis eternas gracias a quienes formaron parte de este largo proceso de trabajo emocional al que llamamos vida, y a quienes compartieron su esencia conmigo, llevo la pureza personal de cada ser conocido en mi existencia; en menor, mayor o igual medida, sin preferencias, juro que lo hago.
Con mucho amor, firma Nicolás.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecitoRecomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión