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Los colores

Mar 18, 2026

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Los colores
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Los colores

De chico uno tiende a tener un fanatismo poco mesurado por sus Ídolos, esto incluye: astronautas, músicos, actores, profesores, padres, hermanos y como no futbolistas profesionales.
Según el país y la cultura existen distintas concepciones sobre cuál es la edad en la que uno traspasa su último tramo por la niñez, en la argentina del siglo XXI, por ejemplo, uno puede creer que ese umbral se sitúa en los 18 años, edad en la que se está habilitado legalmente a casarse sin permiso, firmar contratos, manejar autos, viajar al exterior solo y consumir alcohol o tabaco legalmente. Mientras que si uno se sitúa en países como Escocia o Vietnam rápidamente notará que su ensanche de responsabilidades y derechos llega 2 años antes, a los 16 años de edad. Lo contrario a lo que sucede en países como Estados Unidos, donde se concibe que uno puede hacerse cargo de sus borracheras y malas apuestas en casinos recién cuando festeje su natalicio número 21. La mayoría de edad también esta fijada en varias religiones; 13 años para el Judaísmo, 15 en el Islam y 18 en el catolicismo, solo por dar algunos ejemplos.

Si se me permite, desde mi humilde posición de persona de 20 años en un (casi) confuso pasó a la adultez, propongo una nueva manera de distinguir el traspaso del estadio de la adolescencia romántica a la edad adulta, habrá quien reclame que es imposible adoptarlo como una nueva ley natural, ya que esta lógica no parte de la premisa de que haya un número determinado de años y meses que nos sirva como límite fijo, sino que utiliza el traspaso de los afectos como método para reclamar un transbordo a una nueva etapa.

De chico uno tiende a tener un fanatismo poco mesurado por sus Ídolos, esto incluye: astronautas, músicos, actores, profesores, padres, hermanos y como no futbolistas profesionales. Al pasar cierto tiempo, uno se desencanta del estampado trasero de la camiseta que marca el número 10 sobre el apellido del jugador elegido como el crack del equipo, cuando uno se da cuenta, de que al igual que todos los escritores criollos buscan contener un halo de Borges dentro suyo, todos los números 10 ansían alguna vez esquivar 8 ingleses en fila para ganar una guerra sin sentido, la magia se pierde, y no por que el fútbol haya cambiado, ojo , si bien es cierto que cada vez más jugadores carecen de personalidad y los torneos de 30 equipos no favorecen la emoción del espectador, lo que pasa acá es otra cosa. La pelota recorre los 18.5 metros que hay del borde del área hasta el arco rival y se estampa contra el fondo de la red como un niño pequeño que busca el pecho de su madre. Pero uno ya no es el niño, y ahora busca el mismo pecho en otros distintos. De pronto ya no importa tanto que 11 jugadores paro el técnico en la cancha, cuantos goles metió el 9 rival en la fecha anterior, ni que botines usa el jugador mas habilidoso. Paradójicamente, la pasión se transporta a nuestro propio pecho, cuantas camisetas sin estampar por miedo a que el 7 rubiecito que promete ser el nuevo Ídolo del club se vaya repentinamente a jugar a un equipo europeo, cuantas personas entrevistadas a la salida de los estadios que parecen citar de memoria la misma frase ̈yo vengo por la camiseta ̈, hasta existe una canción de cancha que dice ̈que sepan los directivos y jugadores, nosotros no venimos por ustedes, venimos por los colores ̈. Entonces ¿qué es lo que pasa? ¿Porque uno deja de poner su fe y el humor de su domingo en una persona que no conoce pero admira?.
Hace poco me di cuenta, de que cada vez miro menos fútbol, se menos resultados, a veces hasta desconozco jugadores de mi propio equipo. Ya no miro los partidos ajenos si no es con la excusa de visitar a un amigo futbolero o de comerme una picada.
̈Es parte de crecer ̈ me dijo mi viejo, si se me permite cuestionar a un hombre tan sabio en su simpleza, dejar de poner la ilusión propia en otra persona, para ponerlo en lo que hace que esas personas se congreguen no es parte de crecer, es crecer.

Marcos Goñi

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