Los abrazos que no me dieron circulan sin memoria por las palmas de mis manos
Convocan un concilio permanente con el destiempo del que nada tiene que perder
Del que todo aguanta iluminado por la sustancia de la vida
Emergen en una postura sensual con un vocablo silencioso buscando suceder
Pretendiendo sentir un rayo de vida
Una persecución manida de cada pertinaz convocatoria
Los abrazos que no he sentido nunca
han ido a morir a la playa más cercana, se han roto una y otra vez bajo la faz de las corrientes imposibles
Han muerto de pena
y mi piel lo sabía
Han sucumbido bajo la blancura exquisita del alegre ronronear de unas olas que no comprendían los motivos de mi soledad.

Yom Hernández
Aquí un licenciado en Historia, loco por la literatura que lee y escribe pertinazmente. Padre de tres libros publicados por Ed Atlantis, Ed Adarve, Ed Cuadranta.
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