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Lo que todavía queda en mi: vapor

May 15, 2026

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Lo que todavía queda en mi: vapor
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Dejé caer el papel en el agua como si la verdad pudiera disolverse tan fácilmente. Pensé que, quizás, si te destruía en tu propio elemento, dejarías de parecerme eterno. Que sería suficiente como para arrancarte de mí. Te devolvería esa parte que me llevé años atrás, aunque quizá el verdadero problema fue que nunca entendimos que hay cosas que, una vez entregadas, dejan de saber regresar.

Sigo cargando con una parte de tu corazón como si fuese parte de mi alma. Y supongo que el mío todavía debe seguir perdido en algún rincón tuyo. A veces me pregunto si todavía lo reconocerías.

Creo que lo entendimos hace años. Vos sos agua y yo soy viento. Nunca pudimos pertenecernos de una forma convencional. Y quizás no fue muy inteligente de mi parte sumergirme en vos, pero creí que, si me ahogaba lo suficiente, cuando finalmente retrocedieras también te llevarías todo aquello tuyo que todavía vivía en mí.

No sé si eso es para bien o para mal, pero apenas pude devolverte un fragmento diminuto. No entendía entonces que nos habíamos mezclado demasiado, que para ese momento ya no existía forma de distinguir qué parte eras vos y cuál había empezado a convertirse en mí. Ni siquiera el mar sabe devolver intacta a la arena después de tocarla.

Recuerdo lo que era esperar sentada en aquella casa que te llamaba a gritos. Nunca pudimos coincidir en ella más que por un par de instantes. Vos siempre llegabas demasiado temprano, y yo siempre descubría la hora demasiado tarde.

Recuerdo cómo la casa me hablaba de tus mañanas solitarias esperando mi llegada, y todavía me pregunto si también te habrá hablado de mis noches azules, de esas noches que soñaban con que volvieras y le pedían perdón al silencio por no haber entendido lo que tenían enfrente. Bastaba con mirar el reloj. Aunque quizás ese también era el problema: compartíamos el mismo tiempo, pero nunca la misma hora. Como dos relojes rotos marcando distinto en la misma pared.

Si te digo que te extraño sería una mentira, pero si te juro que no lo hago sería un perjurio. Ya no sos un fantasma adherido a mis pasos y, aun así, cada vez que alguien pronuncia tu nombre mi corazón se detiene, cada vez que te veo —aunque sea a través de fotografías— me olvido de cómo respirar.

Quemé la casa, debo admitirlo, pero todavía guardo la llave de esa puerta inexistente en el bolsillo. A veces creo escucharla crujir por las noches, como si las cenizas todavía intentaran recordar nuestros nombres.

El humo permaneció durante meses. Se escondía en las cortinas, en la madera, en mi ropa. Supongo que ni siquiera el fuego supo borrarte por completo.

Lo peor es que hubo un tiempo en el que pensé que el humo significaba que todavía quedaba algo por salvar. Que quizás las llamas no habían terminado realmente con nosotros. Que quizás todavía podía reconstruirse algo entre las cenizas.

Ahora entiendo que el humo nunca fue una señal de vida. Era solamente la consecuencia del incendio. El rastro inevitable de algo que ya había terminado de arder mucho antes de que yo me animara a prender el fósforo. Algunas ruinas continúan de pie sólo porque nadie se atreve a derribarlas. Y yo ya me cansé de vivir entre escombros.

El agua no funcionó, y mi propio viento tampoco pudo curarme. Creo que intentaré prenderlo todo fuego hasta que de vos no quede nada más que vapor. Aunque supongo que incluso entonces encontrarías la forma de mezclarte conmigo otra vez.

Cirene Willow

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