¿A caso no hay palabras en éste idioma
que puedan pintar fielmente las imágenes de mi mente?
¿Por qué huyo a otro dialecto?
¿Qué escondo cuando digo, cuando escribo?
Merece la pena cada interrogante aunque no halle respuestas.
Pago mis deudas en años y espalda, por estar siempre sentada frente a mi niebla.
¿A caso aclara, aunque sea un poco éste paisaje?
Quizás encripta aún más los símbolos cautivos.
Porque nunca es libre la palabra,
siempre nace atada a un miedo.
Y no es más que el encuentro de todas las búsquedas.
Es la silla vacía en una habitación colmada.
La gota incansable que resuena en los pasillos ausentes.
¿Cómo saber qué es lo que no encuentro si no sé lo que busco?
Perseguir un intento en el que hay puertas infinitas
solo puede ser tedioso para quien no escapa,
para quien no vive sediento de paz.
El intento es siempre el mismo:
es un monumento al fuego que no pudo ser contenido.
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