Lo Que Nos Obligaron a Callar
No terminamos porque dejamos de querernos.
Terminamos porque a tu amor no lo dejaron quedarse conmigo
y a mi amor lo obligaron a alejarse del tuyo.
Nos obligaron a soltar algo
que ninguno de los dos quería soltar.
Nos hicieron fingir que era fácil,
que era lo correcto,
como si el corazón entendiera de órdenes.
Y esa última vez,
en la playa,
de día,
con las olas cayendo lento
y mis hermanas riendo a lo lejos,
todo parecía intacto.
El sol tocando tu piel,
el viento moviéndonos el pelo,
la arena pegada a los pies,
y tú mirándome
como si nada pudiera rompernos.
¿Quién diría
que al mes siguiente
mi papá me obligaría
a alejarme de ti?
Que lo que estaba tan vivo
iba a ser arrancado
sin preguntarnos.
Nos despedimos
como si entendiéramos
que no era un “hasta mañana”.
Como si el cuerpo supiera
lo que la boca no quería decir.
Nos abrazamos
más fuerte de lo normal.
Más largo de lo normal.
Solo la luna vio
cómo me abrazaste.
Cómo me besaste
sabiendo, en el fondo,
que probablemente
esa era la última vez
que lo harías.
Solo la luna supo
el amor
que estábamos presenciando.
Un amor pequeño en edad,
pero enorme en intensidad.
Nos prometimos
que íbamos a volver a buscarnos.
Que si la vida
nos encontraba otra vez,
íbamos a intentarlo.
Que no importaba
cuánto tiempo pasara.
Que si estábamos solos,
íbamos a elegirnos otra vez.
Yo me quedé
aferrada a esa promesa
como si fuera lo único
que me quedaba de ti.
Como si fuera un hilo invisible
que todavía nos mantenía unidos.
Cuando te fuiste,
intenté encontrarte
en otras personas.
Intenté encontrar
la forma en la que me mirabas
en otros ojos.
La forma en la que me abrazabas
en otros brazos.
La forma en la que me cuidabas
en otras palabras.
Pero nadie
me escuchaba
como tú.
Nadie
se quedaba conmigo
cuando quería llorar.
Nadie
me hacía sentir
que podía ser yo
sin tener que esconder nada,
sin tener que suavizar mi carácter,
sin tener que medir mis chistes,
sin tener que fingir.
Mientras tú
estabas pasando por cosas
que yo ni siquiera sabía,
mientras estabas cargando dolores
que no pude ver,
yo estaba intentando
llenar el vacío que dejaste
con gente
que nunca iba a ser tú.
Y cuando me enteré
de todo lo que sufriste
cuando yo ya no estaba,
de todo lo que tuviste que cargar
solo,
me dolió distinto.
No me dolió por orgullo.
Me dolió por no haber estado.
Lo único que pensé fue
que debí haber estado ahí.
No para salvarte.
No para cambiar tu historia.
No para decirte qué hacer.
Solo para que no lloraras solo.
Porque para mí
prestarte mi hombro,
como antes lo hacía,
era mucho más importante
que cualquier consejo.
Solo para abrazarte
como lo hacía
cuando el mundo
se te caía encima
y parecía demasiado grande.
Pasaron los años
y traté de convencerme
de que ya te habías ido.
De que no ibas a volver.
De que tenía que empezar de cero.
De que lo nuestro
era solo un recuerdo bonito.
Pero incluso
cuando intentaba querer
a alguien más,
seguías faltando Tú.
Seguía faltando
tu forma de decir buenos días.
Tu forma de quedarte.
Tu forma de hacerme sentir elegida.
Y ahora que volviste
y puedo hablarte otra vez,
no siento nostalgia.
No siento pena.
Siento calma.
Una calma extraña,
profunda,
silenciosa.
Porque ya no tengo que seguir
buscando tu amor
en personas
que no saben quererme
como tú.
Que no saben
demostrarme su amor
como lo hacías tú.
Que no saben
cuidarme
como lo hacías tú.
¿Para qué seguir buscando
ese amor,
ese cariño
que solo tú sabías dar,
Si volví a encontrarte?
Si volví a tener
La oportunidad
De tenerte cerca,
Aunque sea despacio,
Aunque sea paso a paso,
Pero está vez
Porque lo elegimos
Y no porque nos obligaron
A callarlo.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión