pienso en lo que no fue como en un galpón, un depósito con la puerta entreabierta, dejando pasar polvo hacia el resto de la casa. no es un lugar trágico, solo un espacio detenido, lleno de cosas que no encontraron su uso.
lo que no fue se guarda en el cuerpo y en la memoria, aunque nadie lo haya decidido así. no desaparece de golpe, se evapora lentamente, como algo en cuidados paliativos, entre la certeza de su final y una obstinada esperanza de retorno.
a veces parece que la literatura ofrece refugio, que allí podrían quedar, ordenadas, las cosas que no ocurrieron. pienso en esa frase de cristina peri rossi: "la literatura me mató, pero te le parecías tanto". y entiendo que quizá hablaba de esto, de cómo lo amado y lo escrito comparten la misma condición de imagen, de fantasma, de construcción hecha con palabras. lo que no fue vive de ese modo, más cerca de la página que del mundo.
pero aún así queda una pregunta flotando, ¿qué ocurre realmente con esas letras? pueden circular, ser leídas, incluso conmover, y sin embargo nadie conocerá del todo la temperatura de ese galpón, su polvo, su humedad. la literatura no salva, apenas conserva, y conservar no es lo mismo que aliviar.
entonces queda la esperanza (ese hilo terco que sostiene los días), la idea de que algo podría moverse, que la vida todavía guarda una variación posible. esa esperanza estira el tiempo, lo vuelve elástico, y permite seguir aun cuando casi nada cambia.
no hay manera sencilla de deshacerse de lo que se recuerda.

Mauren Zamora
mujer, poeta y palabra. tengo dos poemarios, pero acá vas a encontrar solamente divagues.
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