Vi cómo te ibas… otra vez.
Respiré hondo, intentando disipar el nudo en mi garganta.
Respirar dolĂa. El corazĂłn pesaba demasiado.
Ya nada va a ser como fue alguna vez.
De vez en cuando me sorprendo pensándote.
Me encantarĂa saber que estás mejor… que abriste los ojos.
Pero todo indica que seguĂs ahĂ, cautiva.
No puedo decirte mi verdad, por mucho que quiera.
No te liberarĂa en lo más mĂnimo.
No tengo forma de ayudarte.
Ya no querés que sea parte de tu vida.
Supongo que está bien. Es lo que vos querés… o eso espero.
Más allá de la distancia, deseo —desde lo más profundo de mi alma— que no te haga falta saber todo lo que sé para reconocerte.
Aunque tengo la sospecha de que todavĂa no sabĂ©s quiĂ©n sos.
Y sĂ… eso pasa cuando vivĂs siendo sombra: si te alumbran, desaparecĂ©s.
A veces tengo muchas ganas de volver el tiempo atrás.
¿Vos te acordás lo que fuimos?
Yo trato de no pensarlo mucho.
Siento que me sacaron lo más preciado que tuve, por las razones más egoĂstas que existen.
Y eso solo sirve para llenarme de rabia.
Y el nudo en la garganta vuelve.
Y la distancia me aplasta el pecho otra vez.
A veces pienso en escribirte, en preguntarte, en recordarte que acá estoy.
Pero no estoy lista para el rechazo.
No estoy lista para tu rechazo.
Te extraño.
Vi cómo te ibas… otra vez.
Y el nudo en la garganta vuelve.
Y la distancia me aplasta el pecho.
Respiro.

Muriel
Bienvenidos a este espacio. Es un rincĂłn Ăntimo, un lugar donde Muriel piensa, ama, recuerda y se inventa. AquĂ la escritura no busca verdades, busca latidos.
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