El tiempo
rebasa cada auto
y mi alma es atropellada
por la fugacidad
de tus versos.
Tus excusas marcaron
el discurso tortuoso
que expulsaban
tus venenosos labios.
Medito el trance
que provocabas;
era borrosa la vista
y aún así, caminaba seguro
a tu lado.
Las hojas de la vida
se arrancaron y volaron
de este infame mundo,
dejando mares vacíos
con pequeñas frases
atadas al piso grisáceo
de tus palabras.
Lo prometido se rompe
y lo dicho se esfuma;
de tus ojos me olvido
y tu sonrisa es extraña.
La carretera marca
el asfalto oxidado
por el agua,
dividiendo lo claro
de lo oscuro;
y en momentos explícitos
los carteles y paisajes
recuerdan
lo que el tiempo se llevó.
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