Este cuerpo no es mío.
Nunca lo fue.
Nunca será mío.
Siempre será de otros.
Tumba o cripta,
cualquier epitafio da lo mismo;
pero que no me encierren en una caja,
porque este cuerpo no es mío.
Será de la tierra que lo absorba lentamente,
del árbol cuyas raíces broten entre mis huesos,
de las aves que usen mi cráneo vacío como nido,
de los peces que se alimenten de mi piel.
Déjenme ahí,
en medio de este mundo ajeno
que tantas veces me acogió.
No se preocupen,
aquí no hay tragedia.
Tan sólo regreso aquello
que nunca fue mío:
lo prestado.
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