mobile isologo
buscar...

Lo mío con el depósito es un vicio secreto

Jun 24, 2025

1.1k
Lo mío con el depósito es un vicio secreto
Empieza a escribir gratis en quaderno

Voy al depósito en silencio, casi como si estuviera haciendo algo prohibido. Elijo ropa que no llame la atención, zapatillas resistentes, barbijo y guantes de trabajo. Bajo la cabeza al entrar, como si estuviera entrando a una capilla decadente, aunque lo que me espera es un galpón gris a las afueras de la ciudad, donde las cosas que nadie quiso terminan por llegar.

Adentro, el aire es espeso. Hay más de una docena de bateas gigantes: ropa, mochilas, zapatos huérfanos, acolchados viejos, juguetes rotos, cables enredados, cosas que ya no le importan a nadie. Pero a veces —y esto lo saben los que van seguido— hay tesoros. Hoy veo un retazo rojo brillante asomando entre jeans de hombre. Me tienta. Yo siempre caigo por el color.

Este lugar no es para cualquiera. Todo lo que no se vendió en los locales termina acá, a peso. Es el último suspiro de cada prenda antes del olvido o la basura. Algunas piezas terminan siendo prensadas, vendidas al kilo para reciclaje textil o enviadas a mercados lejanos. Otras, directamente, a enterrarse.

El precio ronda los $700 el kilo. A veces un poco más, si se trata de calzado o electrónica. Nunca gasto más de $5.000. Cuando terminás de revolver tu montaña, vas a la caja, pesan tu botín, y listo. No hay bolsas de marca ni escáner de código. Solo una balanza.

La fauna es variada. Están los revendedores: expertos en marcas, los que luego reviven la ropa y la venden en redes o ferias vintage. Están todos los días. Van en grupo, comparten códigos secretos, y se tiran cosas unos a otros mientras chequean los hallazgos con el celular.

También están los que buscan para enviar a otros países. Suelen ir por valijas, zapatos, mochilas. Hablan en idiomas que no entiendo. Tienen su estrategia. Las mujeres escarban, los hombres dirigen. Arman pilas enormes en changos que luego embalan con precisión militar.

Hay quienes claramente no están ahí por gusto. Gente que vive en la calle, algunos con problemas de consumo, otros que simplemente cayeron fuera del sistema. Buscan camperas, mantas, algo resistente. También monedas, bijouterie, cualquier cosa que sirva. Muchos tienen la mirada ida, otros te hablan de cosas que solo existen en su cabeza. Pero se los respeta.

Y después, estamos los demás. Jubilados. Señoras que vienen con sus hijas a pasar la tarde. Coleccionistas de vinilos. Estudiantes buscando un jean Levi’s viejo. Gente como yo, que no necesita nada pero viene igual. Por hábito, por la adrenalina de encontrar algo valioso entre el descarte.

Hace poco encontré unas botas de cuero negras, con botones y un diseño medio steampunk. Una sola. Justo de mi talle. Empecé a caminar por el galpón con esa mezcla de esperanza y ansiedad que te da la búsqueda del otro zapato. Y ahí estaba, aplastada bajo un guante de boxeo viejo. El par perfecto. Las suelas intactas. Las agarré como si fueran oro y me fui directo a pagar. Costaron $1.800.

En casa las limpié, las probé. Quedaban pintadas. Busqué la marca en internet: hechas a mano en California, vendidas por más de 100 mil pesos. Me las puse con medias de red rotas y una remera vieja de Iggy Pop. Me sentí un poco más vivo. Como si hubiera robado estilo a precio de saldo.

Hay un ritual que se repite cada tanto. El personal del depósito retira bateas vacías y trae otras llenas de “novedades”. Nadie puede tocarlas hasta que se da la señal. Un silbato, un grito. Entonces es una estampida. Manos por todos lados, ropa volando, discusiones, algún empujón. Yo no me meto. Me mantengo al margen, entre la timidez y el miedo. No tengo ni la rapidez ni el carácter.

Pero a pesar de todo, no hay violencia. Cada quien respeta lo ajeno. Nadie toca lo que está en el carro de otro. A veces hay roces, alguna palabra fuera de lugar, pero nunca vi una pelea seria. Hay una convivencia tácita. Una especie de pacto silencioso entre perdedores, buscadores, rescatistas del descarte.

Y si eso no es comunidad, no sé qué es.

Juan Carlos

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión