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lo cotidiano de la muerte

Jul 30, 2026

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lo cotidiano de la muerte
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Lo cotidiano de la muerte

Y la vida sigue, el mundo sigue girando y es doloroso, porque todos siguen viviendo como si mi razón de vivir no hubiera perecido.

Una mujer va a una fiesta, un niño ve televisión y se duerme tarde, hay que pagar cuentas, alguien hace el amor, alguien nace, alguien muere.

Y ahí se paraliza mi vida. Ahí todo pierde propósito. Porque estoy sola aún, sola de nuevo.

Todo es tan extraño, ya nunca más unos ojos brillantes me mirarán con ternura. Me vuelvo iracunda al ver qué todos siguen, con lo mundano de la vida, me llena de rabia como de forma irrespetuosa, el mundo no hace un minuto de silencio, uno aunque sea.

Porque yo estaré horas interminables preguntándome por qué, por qué a mí, cómo, cómo, si ayer estábamos hablando, si ayer te estaba diciendo lo mucho que te amo, acariciando tus mejillas suaves, besando tus manos y oliendo tu cabello, viendo tus ojos brillantes.

Si ayer me estabas diciendo “que linda chica, que linda mi nieta”, “que lindo cabello”.

Quiero arrancarmelo, el cabello, la piel, los ojos.

Ya ninguna felicidad es válida si no es compartida, nadie puede venir porque yo no quiero, si no me amás vos, no me ama nadie, si no venís vos a verme, no viene nadie.

Nuestro amor era tranquilo, nuestro amor era unos mates a la tarde, o unas mandarinas en el patio, nuestro amor era cuando te daba caramelos, pero poquitos, para que mi mamá no se enoje, y vos te los escondias en la manga del suéter, nuestro amor era sacarte una foto con cada uno de mis gorros y mandarla al grupo donde estamos todos lo que te amábamos, todos los que te amamos.

Nuestro amor era simple y tranquilo, pero no por eso menos memorable.

Mi amor ahora es desgarrador, abuela, mi amor ahora congela la sangre de mis venas, mi amor ahora es una cadena que arrastro intentando caminar, intentando levantarme de la cama y saludar a todos los que vienen a verte.

Yo no veo tu cara en el ataúd, veo a un ser de luz desaparecer. Acaricio tus mejillas suaves, pero están muy frías, pareces dormida, ya nunca volveré a besarte la mejilla y decirte lo mucho que te amo, ya nunca volveré a cantarte las mismas canciones de cuna que vos nos cantabas, ya no vas sonreír con ella.

Mi niña dulce, te amé, te amo y te amaré eternamente.

Sé que el mundo sigue girando y todos siguen viviendo, sé que yo también debo, pero no sé si pueda.

cordero indefenso

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