Perdón por el pensamiento conjunto, pensé, mientras Sofía miraría la barranca, y cómo rodaba un nene transmutando de risa al llanto. Invirtiendo la proporción en Sofía que se rió enérgicamente. Hasta que luego de escucharse, tapó su boca con la mano.
Luego sus ojos.
Luego su frente.
Hice mi mayor esfuerzo siempre por imaginarme sentado solo, y sin embargo (incluso cuando sucedía) materializaba portales. Prestidigitaba ocurrencias y trucos baratos, que hubiera hecho y que sino guardaría para el momento dado. Para asegurarme que no parezca un artificio. Mi mano fue cayendo de a poco desde mi frente, topando con cada parte de mi cara hasta apegarse a la mesa, donde reposé y luego reí.
Sobre la incompletitud: como complemento. Aquello que puede ser siempre más y sin embargo puede conformarse (también sabe, che). Los días de lluvia y el gusto de tomar mate, en una garita que corta la pendiente, que impide rodar en el pasto. Donde a veces coincido con una guitarra que nunca veo a quien la toca, sin embargo te encanta. Estiro la mano y apoyo el mate en la barandita. Cuando se enfría lo suficiente freno a medio camino a mi mano buscando a mi suerte frente
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