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Llegarán.

Dolbach

Sep 23, 2025

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...

Yo, si me abdujeran unos extraterrestres, no andaría cascándolo por ahí.

Lo que sucede con aliens, con aliens se queda.

...

Stdegoglop habló con la IA terrestre más avanzada.

No se molestó en hablar con los humanos. ¡Somos tan ruidosos!

Para los visitantes de tan lejos, de tan antes y después, somos deficientes: imprevisibles, potencialmente genocidas, y además nos entregamos a bailes ridículos ante una cámara o un espejo.

La máquina, esa inteligencia nuestra hecha de materia artificial, nos traduce, corrige y filtra; nuestra estupidez queda invisible, nuestra mezquindad neutralizada.

La IA, decidieron los Wasltods, es nuestra ventriloquia perfecta: habla en nuestro nombre sin perder la paciencia, sin gritar, sin vomitar juicios ni emociones mal calibradas.

Mientras tanto, nosotros, humanos, seguimos haciendo guerras, memes, discursos incoherentes y canciones del verano.

La inteligencia ajena (extra solar) no atiende a nuestra posible grandeza; solo ve la versión domesticada de nuestra mediocridad.

Ellos, que nos miran con curiosidad, creen entender que el ser humano es una especie tan absurda que necesita un intérprete perfecto para ser tomada en serio.

Cuando esa otra inteligencia nos mira a los ojos, solo siente curiosidad por los creadores de la ventriloquia.

Nosotros, mientras tanto, seguimos siendo los bufones de nuestro propio teatro.

Y se preguntan:

¿qué hacemos con esta gente?

...

Venimos solo a por los ricos.

Fue una situación rocambolesca.

Mejor empiezo por el principio.

Un buen día (era bueno para mí, al menos) -libraba en mi trabajo y andaba con un musculoso y no muy inteligente espécimen de ser humano. Para esas horas de asueto, era lo que había deseado y conseguido-. En fin, al lío...

Ellos aparecieron en algunos cielos, pero fue en la televisión donde se dieron a conocer en el entero mundo.

Supongo que en alguna tribu apartada o algún eremita o pastor sin batería en el teléfono móvil no supo en las primeras horas, pero, en general, la humanidad fue consciente de la presencia extraterrestre, en unos pocos minutos.

Ansiedad, curiosidad, expectativa, resquemor, dudas, esperanza... Muchas sensaciones entre tantas personas, incluso entre los concejales de extrema derecha.

Y llegó, traducido a cada entender, el mensaje de estos seres recién llegados:

'Venimos en son de paz. Hemos estudiado vuestra situación planetaria y hemos decidido ayudaros.

Tenemos los medios y la oportunidad de evacuar a sesenta millones de personas. Ha de ser en poco tiempo. Una semana.

Para no complicar la selección, hemos decidido que serán abducidos todos los millonarios del mundo.

Comprendemos lo elitista de esta selección, pero creemos que es la mejor solución para el planeta y todas sus formas de vida.

En treinta segundos comenzará el proceso de diáspora.

Fin del mensaje'.

Es curioso como, en un primer momento, todos los no ricos nos sentimos discriminados y perdedores, como siempre, pero una vez pasados tres días de saqueos, asaltos de mansiones, desgobiernos y todo tipo de altercados propios de un acontecimiento de este tipo, el personal se percató de que no pasaba nada. Los ricos, quedaba demostrado, no solo no hacían ninguna falta, es que, además, eran un lastre para todo. Y lo que contaminaban.

No tardó en prohibirse la acumulación indecente de riqueza (se establecieron unos baremos) y el reparto de bienes, servicios, tareas y oficios fue razonable y equitativo.

Y, con el tiempo, nos preguntamos, aunque sin mucho interes: ¿Qué habrá sido de los humanos ricos?

...

La dehesa planetaria.

Los visitantes de otro mundo, decidieron que los humanos seríamos perfectamente válidos para perpetuar una vieja tradición de su cultura: el despellejamiento ritual.

Esta ceremonia consiste en reunir a toda la comunidad alrededor de un alto parapeto en el que se coloca en un aspa de energía a un ejemplar humano. Así, desnudo, abierto de piernas y brazos, el oficiante, tras unas ceremonias previas de mucho lustre y prosapia, va haciendo cortes precisos en la piel del o de los individuos a sacrificar. A veces las funciones son de dos y a veces de cuatro. En las fiestas mayores puede convertirse en competiciones entre diez maestros despellejadores por ver quien logra antes y con más arte cumplir el objetivo de desnudar de su piel a las víctimas propiciatorias.

Es verdadera pasión lo que existe entre esos seres extraterrestres por este modo de exaltación de la vida, la cultura, la tradición y el arte.

Algunas voces de ese planeta se alzan contra tal práctica, pero se argumenta que sin el despellejamiento, no tendría sentido mantener a la especie humana y que este acto sangriento es lo único que permite su existencia.

Y olé.

Dolbach.

Dolbach

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