No sé dibujar, y creo que es mejor así. Si pudiera, capaz intentaría imitarte… pero terminaría haciendo un intento triste que no le haría justicia a tu arte. Me quedo con las palabras, que es lo único que domino lo suficiente como para no arruinar la idea.
Vos nos dibujas, yo escribo lo que somos, y de alguna manera terminamos retratándonos mutuamente.
A veces pienso que dibujar y escribir son el mismo acto con distinto disfraz: rescatar algo que está vivo y fugaz, y atarlo a un papel antes de que se escape. Pero ningún retrato es exacto; siempre hay una distorsión. Y quizá ahí está lo lindo: que lo que hacemos del otro es una interpretación, un mapa hecho a mano, con calles que solo existen para quien las dibujó.
Vos me dibujás con el estilo que te representa y que es un reflejo de tu personalidad, tu forma de ser. Y a su vez, tu manera de demostrar cariño por alguien que te importa. Por mi parte, yo te escribo como puedo y te represento en palabras que me salen al pensar en vos.
Ya se que en joda digo que siempre estoy a tus órdenes, como si fueras mi jefa… y tal vez sea cierto. Pero aprendí que no todas las órdenes son cadenas: algunas son como señales de tránsito que uno sigue porque sabe que lo llevan a un buen lugar. Y vos, también sos uno de esos lugares a los que uno elige ir, incluso cuando podría evitarlo.
Siento que entre medio de nosotros hay algo que no sé nombrar —y no me apura hacerlo— que hace que no importe si, en broma, decimos que “nos vamos con la otra o el otro”. Porque en este juego ya sabemos que siempre volvemos a este lugar inventado, donde tus líneas y mi letra se cruzan como si fueran parte de la misma hoja.
Hay algo en vos que me hace querer cuidar este mapa que dibujamos, como si en esas líneas estuviera también un poco de lo que no se dice, pero se siente. No sé si esto tiene nombre, ni siquiera sé si quiero buscarlo; solo sé que hay momentos en los que el mundo afuera se vuelve un ruido, y lo único que quiero es quedarme un rato más escribiendo nuestra hoja y vos la dibujas.
Me gusta pensar que tus dibujos son como esas constelaciones que inventaron los griegos: el cielo era el mismo para todos, pero ellos decidían dónde estaban las figuras. Y yo, con las palabras, hago lo mismo: miro lo que ya está ahí y lo nombro para que no se pierda.
No voy a cerrar esto como si fuera un texto terminado, porque vos tampoco firmás un dibujo cuando sabés que todavía le podés agregar detalles. Lo dejo abierto, como dejamos todo lo que no queremos que termine.
Y quién sabe, capaz algún día seguimos este dibujo-ensayo en otro lado, con una hamburguesa y una 7up, para ver si en persona también nos sale tan bien retratarnos.

tomas
idk, una amiga me dijo que me haga esta cuenta para subir lo que escribo. (y es una excusa para subir también las fotos que saque)
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