Porque no se nutre del amor. Sale a caminar cuando para el viento pero sigue todo nublado. Nubes negras, casi sin delimitaciones grises. Tampoco toca la puerta, se mete por la ventana porque ahí está el punto.
La mano temblorosa, el apoyarse a escuchar atrás de las paredes sabiendo que alguien puede aparecer en cualquier momento. Y lo otro es puro uso, descarte, transpirar desbordada mientras se muerde los labios para que todo no exceda al susurro. Y así el límite del susurro como expresión de enamoramiento flota entre los dos, sin cuerpo, sin dejarse acariciar, como si le faltase un mísero instante o algo inexpresable para volverse. Entonces se muede más, como recurso y convicción de que entonces la pared cumple su real función de marcar un límite.
—¿Y el desayuno?
—Siempre en la cama. Dos tostadas quasi-quemadas pero no tanto, sino las deja. Queso parmesano sin sal y dulce de leche. Pero siempre vestida, sino nada.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión