Una sensación anestesiada de esperanza nace cada vez que tomo un vaso con agua por la mañana y, sin embargo, en la tarde, siempre es eclipsada por el medrentar físico-espiritual del día.
No lloré en el momento en que debía hacerlo y la angustia me devoró el cuerpo frágil, desalentado, estupefacto. Ahora, tempo vivace recorre atroz mi mente en colapsos métricos y palabras abultadas. No obstante, la calidez de la llegada a mi hogar, a mi pequeña cueva húmeda, taciturna y solitaria recompuso, a tientas, la pesada carga de la triste emoción que descansa en mi lobreguez.
Al observar tras el marco del espacio noté como la luz se filtraba iridiscente sobre algunos objetos de metal. Y, así, como si la magia del mundo me rodeara, destelló en danzas el árbol viejo tras la ventana. Sin sonido, pude ver en el viento la melodía coral de monarcas mariposas planear el cúmulo ondulado, que la eternidad brindaba a ese instante mural.
Aún así, las piernas languidecíanme, los ojos sulfatábanse y mi cabeza quebróse. Un espectáculo de la confusión o de la vida en estado puro. Mas lo imposible era acertar por qué dictar condena sobre la existencia plena y no sobre las penas que me han de maltratar.
No existe discurso que sostenga lo que siento, son solo palabras silenciosas en el viento. Más bien, son energía que acumulo en el pecho y me desarmo cada vez que explota: me daña la implosión de agorafobia, causada por el llanto trunco de sujetos sin ningún tipo de latifundio. Solo su vigoroso motivo pegajoso y algún morlaco sabroso que saben aprovechar para comprar su “tirito” compasivo.
Cuando sollozo de por medio se abren las puertas de lo nuevo, el destierro se hace más ameno. Pues los dolores se abandonan sólo en lo profundo de mi entierro. No existe dolencia mayor que la del alma buscando sus horrocrux en la franja de Gaza.
No sé devolver la mirada. Me desgarra la melancolía de verme reflejado en el espejo mientras duermo, mientras muero.
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Elías Brizuela
Escritor, periodista y fotógrafo. 28. Me dedico a la comunicación pero escribo por la necesidad de mi alma por contar las otras historias, los otros sentimientos.
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