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Lilit, el angel de los lunares, las mariposas y yo. (Parte 2 y final)

Aug 12, 2026

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Lilit, el angel de los lunares, las mariposas y yo. (Parte 2 y final)
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3. Las mariposas y yo

Las mariposas tatuadas en su estómago y su cabeza
cobraron vida, se desprendieron de su piel.
Volaron a mi alrededor, intentaban decirme algo.
Las que nacieron de su panza
me susurraron al oído que me deseaban.
La que nació de su cabeza, en cambio,
quiso lanzar una advertencia,
pero las otras dos se esforzaban en impedirlo.
Intenté distinguir las palabras
de aquella mariposa,
pero las otras dos,
una de color rojo y la otra negra,
me besaban el cuello, la espalda,
hacían cosquillas entre mis piernas,
dulces palabras susurraban
y una frase, la más dulce de todas,
la repetían constantemente:
“para siempre”.
Lo decían sin cesar, en una especie de mantra.
Sonaba a hechizo, brujería.
Sonaba provocador, sensual.
Sus aleteos transformaban el aire en viento
y ese viento olía como el azufre, el fuego.

La tercera mariposa, cansada de luchar,
se posó en la copa de un árbol.
Al levantar la mirada, el sol deslumbraba de tal manera
que solo su sombra logré distinguir.

Las mariposas de azufre y fuego
se posaron en mis manos,
besaban mis dedos, los lamían,
mientras me observaban
directamente a los ojos.
Y en un momento de lucidez,
mi mente se sacudió
como un niño que se despierta asustado,
me pregunté a mí mismo:
¿Serán estas mariposas las mariposas de Lilit?

De mi cuerpo empezó a desprenderse una especie de energía extraña, una alegría oscura. La sonrisa de mi rostro se tornó incómoda, inusual y tenebrosa. Sonreí, sí, pero las pupilas de mis ojos se encontraban tan dilatadas que los mismos se transformaron, simplemente, en pupilas. La tercera siguió posada en el árbol, pero su postura sugería que no era a mí a quien miraba. Tampoco parecía estar observando a algo o alguien más; más bien parecía rechazar ser espectadora de esa escena tántrica entre las otras dos mariposas y yo.

Empecé a jadear y a babear. Las mariposas y yo nos retroalimentábamos. Al final... sí, era un ritual.

Mis deseos y mis miserias se materializaron en un ser grotesco. Quedé fuera de control. Las mariposas empezaron a reír. Esas nacidas del límite entre su estómago y sus piernas, que tanto habían aprendido de rozar su ropa interior, se adueñaron totalmente de mí. Una risa forzada se escuchaba y, casi como un espectro, pude ver la cara de Lilit reflejada en el aire.

“Ja, ja, ja”.

Sonreía sensual, diabólica y de forma casi forzada.

Los árboles se empezaron a agitar con fuerza. Un viento fuerte sopló de golpe. Un aguilucho apareció entre las ramas e interrumpió el hechizo. El cielo se nubló repentinamente, azufre y fuego gritaron desesperadamente, y no era miedo lo que reflejaban sus rostros, sino rechazo y enojo por la interrupción. El viento desestabilizó sus alas y se escondieron. Yo caí al suelo, mientras la tercera mariposa abandonó la rama del árbol para acercarse a mí, haciendo un esfuerzo descomunal. Llorando, se posó en mi pecho y susurró.

Nunca hubo tal ángel de los lunares,
tan solo en tu corazón habitó.
Lilit es fuerte y sádica,
al igual que el demonio que habita en vos.
Nada es para siempre,
excepto, tal vez, nuestro dolor.
Llegó el momento del sacrificio.
Gracias por todo, y te pido perdón.
No siempre las cosas pasan por algo.
A veces pasan y listo; nos corresponde a los dos
sacar conclusiones y seguir.
Dejar las promesas de niños
y dejar de mentir.
Esto tenía que pasar.
Puedo seguir sin vos.
Vos nunca me necesitaste,
pero te aseguro, esto fue amor.
Solo te pido, no dejes que azufre y fuego
te hagan caer en la tentación.
Ahora voy a desabrochar tu camisa
y a hacerte el último favor.

Abrió mi camisa y me dio un beso en el pecho y, para atraer a fuego y azufre, también me desabrochó el pantalón. Al posarse las tres en mi cuerpo, la tercera dijo unas palabras:

“Para siempre voy a amarte”.

Se abrió un hueco en mi pecho, del lado del corazón. Del mismo salió una lagartija negra y, de forma violenta y desesperada, las devoró a las tres. La lagartija me miró fijamente, con sus ojos vacíos, los de un depredador. La cabeza de la tercera mariposa colgaba de sus dientes y, con sus últimas fuerzas, pronunció sus últimas palabras:

Las cosas que vi en la cabeza que habité,
no les iba a hacer ningún bien a ninguno de los dos.
Domestica a tu demonio
y deja de mirar las mariposas.
Más allá de su vuelo hay un cielo,
y puede ser tuyo...

Depende de vos.

Primera parte:

https://quaderno.app/blog/lilit-el-angel-de-los-lunares-las-mariposas-y-yo-pt-1-f4NeTu

Y para el que le importe, la canción con la que me torture para escribir motivado, si tienen ganas de sufrir y son masoquistas busquen la letra:

GIRANSUEL

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