Como dije en uno de mis últimos relatos, me dispuse a transitar crudamente mi proceso para permitir la cicatrización de mis heridas. Terminé de encarnar una ausencia que pensé que iba a durar siendo catastrófica pero luego me di cuenta que ese sentimiento en realidad era lo que traía su presencia.
Solté el querer en vano para enfocar mi atención en el accionar de la congruencia. Para quedarme en lo recíproco, para encontrarme conmigo, para descubrirme, para divertirme. Porque tengo 24 años y me falta tanto por caminar entre calles empedradas.
Salir del trabajo un jueves y comenzar a las nueve con el discurso de una sommelier que me enseña que el cabernet blanco existe y definitivamente mojar mis labios en ese vino fue lo mejor para entrar en calor.
Pero mucho mejor fue vivir horas de esa experiencia con todo lo que incluyó. Y que encima haya sido gratis.
Encontrarme con la gloria que es aprender y experimentar el arte y la música.
Como la chica de corte taza, con estilo de años 50, que conocí ahi mismo. Me acerqué a halagarle sus zapatos rojos que me hacían acordar al Mago de Oz y resultó tener una galería de arte en Puerto Madero y haber conocido a Marta Minujín. Me mostró la foto y la conversación se expandió como el cielo de esa noche. (Quizás el hilo conector más cercano que llegue a encontrar hacia Marta, una artista que admiro).
O charlar con la gente específica de mi trabajo, que sabía que me iba ayudar a sacarme las ganas de ver rock en algún bar de Buenos Aires. Y además de terminar yendo a un tributo a Mick Jagger, descubrir que el profesor de guitarra (y amigo) de uno de los señores clientes es un referente del blues en Argentina. Que llegó a tocar con la hija de BB King y participó de la grabación de un disco de Luis Robinson, donde ahí tocó con Pappo. Que el próximo flyer que le llegue por wpp me lo va a reenviar y me va a llevar a escucharlo y conocerlo. Nuevamente, el hilo conector más cercano que voy a lograr.
Expandiendo mi paladar, cenando en un restaurant de comida tailandesa (¿era esa la nacionalidad?). No importa. Por más de que el menú era extraño, amooooora no hay problema yo te explico, como me decía el chico cubano que me atendió y conocí esa noche.
¿Y dónde se sale por acá?
Bueno, la noche en San Telmo abarca muchas opciones. Y más cuando salís sin encendedor!
Presentaciones con extraños donde me doy cuenta que soy mucho más como para centrarme en un dolor (o error) pasado.
Cuando en el bar no habilitan el vino, no hay problema. A mí el whisky me fascina, pero más me gusta probar marcas que nunca saboreé. Y esa noche me encontré en el patio del bar más pub europeo que se te pueda ocurrir, hablando de Boca Juniors en una ronda de extranjeros. Todo porque un británico tenía una casaca vintage tremenda.
Historias nuevas, el sonido de otros acentos acompañando toda la noche entre alcohol y marihuana, y el recorrido por distintos lugares de ese maravilloso barrio porteño.
Bailando una música que no es de mi costumbre, pero que en su ritmo sin letra me encontré sacudiendo de mi cuerpo todo lo pesado que cargaba. Así terminé hasta el amanecer en Lotus.
El lugar era una peluquería y yo me iba a ir, porque pensé que hubo un error en la dirección. Pero una chica vomitó en el cordón y, cuando le dimos un vaso con agua, nos contó que había un sótano al que se entraba con clave. Fue como en un juego: ella era el personaje secundario con el que teníamos que hablar para desbloquear la misión.
Mandarme los domingos a ferias de Capital y exposiciones, donde termino explicándole a la española de labios rojos y lentes de sol hermosos dónde queda Haedo.
Aceptando ir a una clase de milonga en La Viruta. (Lo recuerdo y me sigo riendo).
“-Estoy bien con el plan pero no sé bailar”
“-Ain’t no learning without doing.”
Sos la flor de Buenos Aires, porteñita.
Uno de los lugares nuevos por conocer que terminó siendo recurrente, y que resultó con el apodo de aguantadero.
Mi ig es melsolang mi ig es melsolang mi ig es melsolang .
Fines de semana acompañados de muuucha música, vibras especiales. Y más cuando te cruzás al chico parlante de la noche anterior en la caminata post resaca del domingo y que en el mejor momento, es decir el atardecer, cuando sabés que tenés que cerrar el finde y subirte al Sarmiento, te ponga I Follow Rivers.
Si, mención especial para el tren que tanto me vengo tomando, porque sentí que abrió un portal hacia gente de otros tiempos también.
Y muy pasado: 2019. Año que habitaba una Melanie que está bueno que se encuentre con esta versión veinteañera.
En el recorrido habitual, subiendo en Caballito, sentada con los auriculares, me tocan el hombro y me reconocen. Qué lindo encontrarte con gente de otro tiempo, que te hizo feliz y que sabés que son buenas personas. ¿Cómo nos resumimos todos estos años desde acá hasta Ramos? No alcanzo. Por eso después se tuvo que organizar algo.
Esa misma noche, cuando volvía nuevamente a Capital, pero esta vez a Palermo, para hacer una última salida con mi amiga que la semana siguiente se iba a trabajar a un crucero, a eso de las cuatro de la mañana me vuelven a tocar el hombro y era otra persona del pasado. Una que hjabia sido mencionada en el viaje en tren de Caballito. Retazos de otra época que aparecieron en mi presente y me dieron risas y buenos recuerdos.
Este mes me enseñaron películas y música nueva.
“Porque te he perdona’o
Pero hasta los tontos tenemos tope
Y esta vez voy a acertar aunque sea de rebote (díselo)”
Muchos momentos de descubrimiento, porque mi historia no puede definirme ni mucho menos limitarme.
Disfrutar de los amigos, para que me enseñen a hacer el asado correcto, para ayudar en una mudanza y brindar, para acompañar en el dolor, para ir a tomar una birra y hablar sobre lo manija que estamos por Oasis en Argentina, para ir a comprar libros, para ayudarnos con lecciones previo al parcial, para pasar el tiempo, para disfrutar de esa felicidad.
Y estar sentada en el sillón de mi analista, queriendo enterrar entre las baldosas de su consultorio un nuevo sentimiento que me da miedo, porque no quiero repetir patrones.
Oculto que me lastimaron tanto que mis expectativas se escondieron entre escombros, y así no se dé cuenta que me quedé fascinada de que tenga todas las cualidades humanas como corresponden. (Cuando venís de alguien tan malo con vos, te sorprende encontrar un opuesto).
“-La Melanie del año pasado, cuando se encontró con esto mismo, no tenía todo el aprendizaje de la de ahora.”
Pesadillas que terminaron en sueños. Sueños que terminaron en deseos.
¿Animándome a hacer realidad las ilusiones de su toque?
Puede ser que ahora, con la llegada de la primavera, deje florecer mi sentimiento.
Ya no extraño, porque ya no vivo de lo que quedó detrás, porque ya no me importa.
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