Hoy intenté ponerme al día con las cosas pendientes, esas que he desplazado para el próximo día hasta un punto donde temí que aquel día tocase mi puerta. Por mi culpa, claro. Lo fui postergando a ser parte de mi futuro, más relevante que mis sueños, más brillante que mi amor por la vida.
Ayer se me olvidó decir que compartí con dos personitas muy agradables en aquella junta. Ya cuando esta había acabado, decidimos compartir tiempo y hacer sobremesa, justamente, yendo a comer papitas fritas. No tengo mucho más que comentar. Ha sido un día que ha comenzado como todos los otros, conmigo despertándome alrededor de las 11:30 y levantándome a las 1 a almorzar. Iba a visitar a unos conocidos/amigos de teatro, pero se me hizo tarde así que no vi sentido en ir lol si mala mía, pero no me he atormentado por aquel error. Está bien. Como mi plan se hubo humedecido, me eché en la cama, seducido por la flojera, pero a la flojera consensuada, y ya cuando una hora hubo pasado (una hora y varios minutitos,como diez, la verdad. Nunca es exactamente una hora) decidí que era suficiente. Me puse a ordenar, y bueno, ha sido bueno. Es impresionante como la mente es descongestionada cuando no evades las responsabilidades. El otro día vi como, al final de cuentas, ese veneno por el cual soy tan esclavo llamado procrastinación te corroe la energía mucho más que la tarea ha evitar. Estoy empezando a ver como es verdad. Aunque, en verdad, desde que la leí identifiqué lo precisa que era. Tantas vida se me ha fugado a través de aquel engaño. Tantas cosas pendientes que corrotean, gozan, saltan e incluso lloran más que aquel hombre yacido en la cama, sobre ese mismo resorte de siempre. "Toda una vida pendiente" Derían los titulares sobre mí. Y allí terminaría la noticia más corta del mundo ¿acaso quedaría algo digno de ser documentado? No. Solo soy un hombre que ocupa su libertad para reducir su libertad . Vive masturbando la fantasía: las escenas de una película que nunca será grabada, los besos con un sabor que aún no ha sido descubierto y nunca lo será. Tantos soldados que se suicidarán del aburrimiento. Y todo porque nunca le da respuesta a una sola pregunta: "¿Cuanto faltará para que mis sueños se hagan realidad?"
Bueno, ordené. Hice mi camita. Cambié las sabanas. Me afeité. Me duché. Incluso, querido lector, si es que puedo revelarte una confidencia que sellé conmigo mismo, hice algunas lagartijas. Temblorosas. Endebles. Pero bueno... Ojalá sea una buena semana. Tengo la esperanza de que sí. Claro, la esperanza necesita de mi colaboración para hacerse realidad. Eso, o el paso de toda una vida, si es que prefiero esperar.
¿Preferiré esperar?
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