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Libertad Condicional

Jan 11, 2026

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Libertad Condicional
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Ya van 22 años desde aquel día, aquel instante en el que lo impensado para un ciudadano común se concretó. Hoy a mis 44 años de edad me sigo cuestionando el proceso para enviarme a este frío infierno, para considerarme merecedor de un único destino, marcar rayas en un muro con el primer objeto afilado que encuentre. Sin embargo, como desde mi niñez fui muy autodidacta y repudié fuertemente la monotonía de los ideales ajenos, decidí detener la cuenta atrás, preferí que las hojas caigan cuando tengan que caer, decidido a plantar una nueva semilla lo antes posible. Más allá de lo que digo, es realmente complicado refundar un nuevo ser, que antes tus locuras más cercanas eran el apodo de algún arquero de turno o la canción de Andrés, pero ahora tener los pies en la tierra lo es también, parece una locura poder estar cruzando una avenida, con una gaseosa de segunda marca en la mano y cada día confirmo más que así es.


 Igualmente no le deseo a nadie esta sensación de ver la extrañeza y la falta de comodidad en lo cotidiano, detesto el hecho de ver menos que el resto, sentir que los niños no son los mismos, los árboles cambiaron, que mis libros envejecieron, que mis amigos viajaron en el tiempo y no puedo dar con ellos, les juro que es desesperante. Apenas di mi primer paso en la ciudad tras bajar del patrullero fui a comprar un diario a mi amigo Iker que toda la vida hizo negocio conmigo, no me fallaba nunca. Apenas lo crucé tuvimos una charla que me sentó de traste y a la vez me movió el piso y para este terremoto no había evacuaciones ni simulacros previos, sus palabras me hundieron el pecho, pero no exclusivamente por el qué decía, más bien por ver que el encierro no moja la arena del reloj, por percatarme del vacío, saber que la mitad de mi vida no reí ni lloré, no me sorprendí, no canté, no jugué, no descansé.

  • ¡Hola Iker! ¿Cómo te trata la vida?

  • ¡Uuuuh Renato! Me jodés que ya saliste.

  • Si, amigo, después de todo el drama, por fín volví. ¿No me das el diario de hoy?

  • Obvio loco, tomá 21 de Noviembre de 2013.

  • 2013… Mira vos che. ¿Cuánto te debo José?

  • Serían 600

  • Ja, dale no jodas, ¿Cuanto lo tenés?

  • 600 pesos boludo.

  • Nah, no puede ser yo me fui y estaba 9 pesos, imposible.

  • Bueno, esta vez te la dejo pasar, pero no te cuelgues, pasaron más de veinte años, empezá a moverte que el mundo te come.

  • Si, tranqui, me tengo que poner las pilas y vos sabes como arranco, ya me conocés. Che, ¿Cómo le fue al rojo esta fecha? Digo porque no veo el titular por ningún lado y tampoco lo encuentro en la tabla.

  • Da vuelta la página, ahí están los resultados de la Primera Nacional.

  • Es un chiste ¿No?, ¿Independiente se fue a la B?

  • Dale chabón, no puede ser que vivas en la luna, se fueron el año pasado, ¿Y querés saber lo peor? Los mandó San Lorenzo. Ah y aparte el papa es argentino y se nos fue el flaco.

  • Basta, basta, quedate el diario no me lo llevó.

  Salí corriendo, es indescriptible, estoy en crisis. No puedo abrir la boca porque no hay nadie que me escuche, mi otra mitad ya se fue y encima pagué su derecho de piso en el cielo con la putrefacción de mis huesos, con opacar el brillo de mi sonrisa en mi silencio. ¿Qué hace ahora una hormiga que no sabe dónde hallar el pan? ¿Que hace? Si toda su vida le dieron hojas y se la increpó de cortar los tallos de sus propias flores. 

 Los graznidos de los cuervos son más fuertes en la oscuridad, por eso encendí el horno con un cerillo viejo que encontré en el fondo de la caja de tres patitos, inmediatamente, para no perder el tiempo puse dos huevos duros y mande el pollo en el que invertí mis últimos pesos al horno. Con todas las luces apagadas tome asiento en la cabecera de la mesa principal. Sentado de piernas cruzadas e inclinado hacia adelante para evitar la caída de la más mínima gota de jugo de esas carnes, rapázmente entregado a las sobras. Tras mi cena recuperé la energía que me hacía falta, se callaron las ya silenciosas lechuzas, depredadoras de mi hormiguero, pero que ahora mismo hablan casi tan bajo como yo.


 A la mañana siguiente desperté con la sorpresa que en mi libertad e independencia mis manos debían ser suficiente, así que, por supuesto, los platos de ayer estaban sin lavar. Me puse los guantes anaranjados y procedí a enjuagar todo a una velocidad correcaminos. No obstante, tomé algunas cosas que sobraron de ayer porque ya no les veía ninguna utilidad y quería hacer una limpieza para, de una vez por todas, rearmar mi vida. Levanté de mi rejunte, un poco de todo, un colador desgastado, parecía un soldado de infantería, agujeros del ancho de un dedo y medio, asimismo añadí varios de mis cubiertos de mango blanco que desde que volví pedían un cambio y por último sumé mi documento, debido a que afortunadamente conseguí turno para la renovación hoy. Saliendo del edificio sabía perfectamente que hacer, la luz del día era radiante, brillante, resplandeciente, no había escondite alguno. Tal como imaginé en primer lugar fui a saludar a mi amigo Iker, que debía haber abierto el negocio hace no mucho. Me preguntó cómo me estaba yendo en mi regreso y platicamos no más de 20 minutos. 


 Se ve que en la libertad con mis manos no es suficiente. Entre toda la multitud empuñe la mano de Iker mientras sostenía uno de los cuchillos viejos y rescindí, de una vez por todas,  mi contrato de derecho de piso en el paraíso, para que Iker herede todas mis deudas.


Vito Biancardi Frias

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