¿Pedimos realmente nacer o es una decisión que a nuestras manos jamás llega porque se pierde como el agua de la lluvia? No lo entiendo, me parece injusto, más cuando la vida no ha sido gentil con mis pasos. No quiero entender tampoco, porque si lo entiendo la rabia y la bronca serían más densas hasta quebrarme el tórax y perforarme lo que tengo de corazón.
Corazón. Es nuestro órgano vital, pero con qué simpleza se destruye en pedazos como si fuera una simple rama débil y seca hasta la raíz. Que le da la gana de fallar cuando menos lo esperás. Qué maldita puede ser la vida. Él se fue sin despedirse cuando un día antes habíamos estado riendo de la nada misma. Ella se fue antes de que pudiera siquiera recordar su rostro. Él no me abrazó más fuerte antes de desvanecerse a la distancia.
¿Por qué la muerte se cruza por nuestras cabezas cuando una parte de nosotros se quiebra? ¿Somos entonces una máquina que va perdiendo sus piezas con el paso en la tierra?
Si somos una máquina la humanidad misma parece no ser más que una fachada para justificar las emociones que con tanta fuerza estrangula la garganta en forma de nudos de estambre imposibles de resolver. Qué molestia, qué fastidio. Desear morir parece una actividad de ocio cuando la cabeza quiere desplomarse en el sillón del living.
Ah, pero la cobardía de morir acompaña ese desear. Todos quieren morir mas no todos tienen el valor de estar cara a cara a la Muerte. Pero esa cobardía parece un acto noble de resistir y luchar. La vida es tan espeluznante y cruel, pero deseamos poder vivirla hasta la última gota de alma. Desear morir es un instante. Morir es un instante. La vida es un instante.
En un torbellino de instantes parece gentil el sol de las mañanas frías que queman los ojos de los humildes que se atreven a apreciar su calor. Los que se atreven a despertar. Porque abrir los párpados también es un acto de valentía. Una piña a la cobardía del ocio de morir. Somos moribundos que buscan un poco de amor, un poco de paz, un poco de dolor. Porque cuando duele tan profundo en el alma, el corazón palpita, palpita tan fuerte que la garganta se expande y deja entrar el viento de la esperanza por un mañana.
No somos máquinas. Jamás podríamos ser máquinas.
Porque ese deseo de morir y vivir van de la mano. Es una suerte de búsqueda por la libertad del alma. Porque quien vive la vida hasta su último día decide ser libre del temor. Y el que muere, por su naturaleza o por mano propia, decide ser libre del dolor.
Mis amados.
Mis queridos.
Me he prometido tantas veces seguir peleando.
Salir de esos pozos. Oh, pero ¿Qué pasa cuando llevas toda tu vida hundido en el pozo y ya te has hartado del fango?
No sé la respuesta.
Comeré tierra y hojas hasta encontrar la luz.
La luz de la libertad. La que Dios me mande a mirar.

; mimu.
dos, cuatro ; estudiante. tenue, tajante, profunda, caricia. poetizando desdichas, desgraciando suspiros, caótico vivo.
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