Hace unos días se celebró la Reunión Anual del Foro Económico Mundial (a partir de ahora el Foro) en Davos, Suiza. Durante muchos años este foro se había convertido en una reunión de países amigos que pertenecen al club de aquello que se denomina como "occidente". Una convención que se realizaba casi como un tramite más; discursos repititivos sobre libre mercado, cambió climático y avances tecnológicos de los ceo´s de las multinacionales más importantes. Fotos entre jefes de estado de países occidentales y algun otro jefe de estado de un país más cerca de ser un accidente que pertener a occidente, entre ellos, México y todo el sur global que asistía con la ilusión de poder estar en la mesa de los adultos, algún día. Un foro que era parte de la parafernalia del sistema liberal internacional.
Sin embargo, el último Foro que se realizó del 19 al 23 de enero del año en curso fue un evento de dimensiones históricas. Lo notable de este Foro fue, sin duda, el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney. En este discurso, el mandatario canadiense se atreve a decir lo que para los países del llamado "sur global" era evidente; el orden de la posguerra es una ficción. "Hoy voy a hablar de una ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad dura, donde la geopolítica, donde la gran, principal potencia, la geopolítica, no está sometida a ningún límite, a ninguna restricción." La realidad es que para países como México no es nuevo entender que el derecho internacional había sido una arena en continua disputa. La aplicación asímetrica de las leyes internacionales han obligado a los países en vías de desarrollo ha cooperar para fijar límites al hegemón y sus consentidos.
En el caso de Canadá, es un país que no se había preocupado en ser pragmático en el derecho internacional. Para las potencias medias las leyes internacionales si proporcionaban certidumbre de que se cumplieran cosas básicas como acuerdos comerciales o el respeto a la soberanía - en un sentído integral de la palabra-, porque el hegemón respetaba ese orden con sus aliados occidentales y con el resto solo bastaba aparentar ese respeto. En la actualidad las cosas han cambiado. Donald Trump ha dicho expresamente que su único contrapeso nacional o internacional son sus "límites morales".
Con alguíen que no respeta la soberanía terriotorial de otros países -como vimos con Venezuela- y amenaza con invadir Greolandia y Canadá ya no vale la pena seguir fingiendo. Carney entendió muy bien que hace rato que el sistema internacional abandonó el órden liberal de la posguerra y que se inaguró , con la publiación de la Estrategía Nacional de Seguridad de Estados Unidos, un nuevo órden realista. En un sistema anárquico - es decir, sin un gobierno central- la mejor política exterior es la autoayuda; hacer todo lo posible por no depender en ninguna dimensión de otro país y fortalcerte militarmente. En el Realismo, la posibilidad de ser sobrevivir en el sistema depende de su capacidad militar y económica que le permita hacer frente a otros Estados. Aunado a ello, el primer ministro canadiense le sugiere a las potencias medias (Canadá, Europa y algunos países asiáticos) cooperar para resistir a las grandes potencias que ahora, en este nuevo órden, no hay obstaculo legal que los detenga.
En ese sentido, México sabe como operar en esa dinámica; nuestro siglo XX consistió en apaciguar a un Estados Unidos que imponía su ley a la fuerza en su esfera de influencia. Si queremos sobrevivir, lo pragmático se debe preservar sobre lo ideológico. En buena medida, debemos replantearnos si fue buena idea amarrar nuestro futuro a Estados Unidos en 1994 con el TLCAN. Cuál debe ser nuestra relación con las otras grandes potencias; Rusia y China. Y con qué países podemos construir un bloque de resistencia frente a esta segunda versión de la Doctrina Monroe. Por lo pronto, lo que debemos dejar de hacer es no asistir a foros como el que se celebró en Davos y perdernos la oportunidad de estar en cumbres donde se decide gran parte del rumbo a seguir en la arena internacional, como dijo Carney "el que no está en la mesa, está en el menú".
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