22 de febrero, 2026
personita de ligero andar, siempre descalza, como si presumieras tu complicidad con la húmeda tierra, con el bosque, los árboles y el cantar de las aves; de cabeza soñadora, intuyo, aunque con los pies fielmente plantados en el plano terrenal.
una armonía contradictoria entre desaliño y delicadeza me sacude cuando te veo pasar, siempre con un libro bajo el brazo, como si custodiaras en él los secretos que te habitan. imagino sus páginas impregnadas de tus huellas, de tus lecturas; tus relecturas, revisiones, reinterpretaciones.
se me arrebata el corazón al notarte, con esas pintas, ajena por completo a mi existencia... ¿o acaso habrás sentido alguna vez la forma en que mis ojos, rendidos, siguen tu recorrido? siempre es el mismo. te observo pasar hasta que te haces una con el paisaje otra vez y en él tu figura se desdibuja, des-figura.
tus breves apariciones se incorporaron a mi rutina. pero ¡oh, corazón! sé que no puedo tenerte. así, me limito a contemplar tu cotidiana lejanía, como si fueras un espejismo sempiterno. ¿estás realmente ahí? por favor, reaparece mañana, y al día siguiente, y al otro; que tu presencia fugaz es lo único de lo que soy digna.
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