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    Las mujeres de mi clan

    Mar 29, 2024

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    Las mujeres de mi clan
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    Provengo de un linaje de mujeres fuertes, pero al igual que a muchas de mis ancestras, me programaron con el “chip” de ama de casa (encargada de cuidar a los hijos, ser buena cocinera y una esposa solícita y devota de mi esposo y la familia) solo que me di cuenta de que eso no era para mí.

    ¿Cómo explicarle a mi mamá que a mí no me gusta coser o quedarme en casa limpiando o planchando? ¿Cómo le hago entender que me gusta limpiar la casa como método para desestresarme y que cuando termino me encanta prender sahumos y bendecirla? Soy como la oveja negra que no encaja en el molde transgeneracional.

    Madre, abuela, bisabuela; ellas dedicaron sus vidas al bienestar familiar dejando sus sueños de lado. Quizás algunas soñaban con estudiar o viajar por el mundo y, sin embargo, decidieron (o debieron) ver sus anhelos desde lejos.

    No recuerdo escuchar historias acerca de una mujer que triunfara en el mundo científico, literario o político. Lamentablemente, ya siendo mayor, solo supe de historias de amores truncos, mal vistos, incluso "prohibidos" en el seno familiar. Mujeres jóvenes enviadas a conventos porque se habían enamorado perdidamente del hombre equivocado ¿equivocado según quién? Aun me lo pregunto. Ni que hablar de aquellos bebés fruto de ese amor escandaloso. Quisiera saber qué fue de ellos ¿a dónde habrán crecido? si es que lo hicieron. Porque seamos honestos, no desaparecieron por arte de magia; y aunque sea dolorosa, es una verdad que debe ser dicha tal y como es.

    Mujeres que han sufrido por infidelidades, la pérdida de un ser amado o también por no haber sido correspondidas. Llorar en silencio mientras se encontraban solas haciendo los quehaceres, esperando la llegada del que se suponía era su esposo ¿cuántas como ellas habrán en la historia familiar? ¿cuántas mujeres con el alma rota?

    Entonces comencé un viaje de reencuentro conmigo misma, pero también con ellas, como si se tratara de una fuerza sobrenatural. Una especie de sexto sentido me decía que vivía una vida que no era la mía. Yo deseaba saber que había más allá de las cuatro paredes del que llamaba hogar. Si este amor por las letras tenía alguna razón, una fuente. Deseaba saber si podía ser vista por ojos más cariñosos, más benevolentes, más considerados. Deseaba saber de lo que podía ser capaz si tan solo tuviera la valentía de dar un salto enorme.

    Pensé en todas mis ancestras, cuántas de ellas habían pasado sus vidas queriendo ser o hacer algo más. Entendí que habían heridas grandes y profundas que debían sanarse para que yo (incluso mis hijas) pudiera tener la vida que deseaba... LA MÍA. Una noche, que quedó muy atrás en el tiempo, fue el puntapié que me catapultó hacia lo impensado. Desde allí, la mujer que había sido durante casi 40 años comenzaba a desvanecerse. Ya no quise ser ama de casa, ya no quise ser esposa devota, ya no quise ser ella. Me convertí en la encargada de sanar las heridas de mi clan y desde entonces, veo las cosas de modo diferente. Y me descubrí.

    Entendí que existen patrones que se repiten a lo largo de los años, de generación en generación, hasta que sea sanado. Comprendí que hay dolores que no me pertenecen pero que hay alguien que me los espeja para que esa herida pueda cerrarse y así seguir adelante. Descubrí que aquello que fue considerado tabú por muchos años hoy se refleja en experiencias muy dolorosas, como por ejemplo, un aborto.

    ¿Alguna vez te preguntaste por qué sos celosa o por qué sos tan perfeccionista? ¿no crees que eso pueda tener una razón que va mucho más allá de tu entendimiento? Soy de naturaleza curiosa y soy adicta al saber. Una vez que tengo algo entre manos deseo fervientemente saber más, mucho más. Entonces busco, rebusco, pregunto y repregunto. Hice preguntas incómodas a todo miembro de la familia y armé el árbol genealógico poniendo a cada integrante en el lugar que le corresponde. Me contaron más historias dolorosas e indignantes que desencadenaron sucesos que se siguieron repitiendo a lo largo del tiempo. Entonces me di cuenta de que eran las voces de aquellas almas gritando por ser oídas.

    Este proceso de sanación también me acercó a personas que pensaban igual que yo y de ellas también aprendí, porque es un aprendizaje mutuo. Con experiencias ajenas pude ponerle nombre a algunas de mis dolencias y así darme cuenta de que hubo alguien que padeció lo mismo que yo hace mucho tiempo atrás. Así es esto.

    De a poco me voy encontrando, porque este camino es largo y como dijo Paulo Freire; aun soy un ser inacabado. Sigo persiguiendo mis sueños, sigo buscándome y me sigo encontrando espejada en alguien más. Sigo sanando a las mujeres que marcaron mi existencia porque, inevitablemente, soy una pequeña parte de todas ellas. Las honro cada día y les agradezco por enseñarme a que no debo conformarme y que siempre debo buscar lo que me hace feliz. Me soy fiel a mi misma y a mis creencias. Me doy el lugar que merezco y dejo mi huella. Algún día, alguien de mi descendencia me leerá y me convertiré en su ejemplo a seguir.

    Hoy, solo me resta agradecerles a todas por haberme enseñado que la vida es mucho más grande que solo lavar platos; y mientras sigo buscando mi propósito, sigo trabajando, sigo limpiando porque me desconecta, cocinando porque tengo hambre y dejo la plancha a un lado porque es perder el tiempo. Ésta soy yo y cada una de las mujeres de mi clan.

    Camila Foresi

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