«Las letras inspiran a los números, mientras los números escriben letras»
Fueron las palabras que me repetía mientras bajaba por aquella entrada escalonada en la puerta de ingreso. Las preguntas y dudas me asfixiaban:
"¿Qué podría hacer yo, no siendo de talla alta ni de estatura baja académica en aquel lugar?
¿Qué podría hacer alguien que gusta de habitar ese espacio intermedio entre sentimiento y razón, entre emoción y lógica?
¿Acaso habría reparo o perdón alguno en soñar tan alto que mis ojos se nieguen a ver, o que mis manos siquiera intenten tocar?"
Tomé un respiro, me detuve a observar mi alrededor y dije para mí mismo:
Aquellas aulas, antañas por su estructura y conocimiento en materia, marcaban un aire denso que cargaba sueños y esperanzas.
Los balcones en cada esquina, asomados al patio central y al parque, ofrecían un respiro a todas esas almas desgastadas por la batalla académica.
Las paredes de cada edificación, con su característico tono rojizo y sus ladrillos opacos, contenían las huellas de muchos estudiantes que recorrieron sus alrededores.
Los laboratorios, cada uno único por sus experiencias, vastos en una tecnología que se apaga pero insiste en arder aun cuando nadie se detiene a verla.
Cada cosa era una viva representación de la universidad.
Y también sus exámenes tan capaces de resquebrajar y hundir incluso las morales más altas; con sus sacrificios enormes y sus exigencias casi astronómicas; con los números fundiéndose sobre la mente y el cuerpo, y la férrea pero frágil promesa de una nota aprobatoria.
Con todo ello se conformaba aquella universidad de ensueño: la UNI.
Institución que cada estudiante que la cruzaba o bien lo glorificaba o bien lo consumía desde su ingreso, haciéndolos sentirse orgullosos de sí mismos, honorables y respetados por sus homólogos si este era el caso.
Entonces, ¿qué era aquello que me impedía formar parte de esta casa de estudios?
¿Qué era aquello que me impedía seguir avanzando?
Si tantas personas —no pertenecientes al colectivo académico— cruzaban a mi lado; si todos los estudiantes pertenecían a la misma índole para la que yo también había sido concebido...
¿Cuál era, entonces, el motivo?
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