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Las heridas de la infancia

Sep 1, 2026

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Las heridas de la infancia
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Fue horrible, doloroso, ver a Monstruita así. Es una niña que ya se siente estúpida, que siente que no hace nada bien y por eso la gente se aleja, que aprendió a evadir el dolor a través de la risa, que prefirió ella alejar a la gente antes de que se alejen por su cuenta. Una infancia jamás debería estar tan rota, jamás, porque son criaturas que están aprendiendo, pero parece que los adultos se olvidan de ello. Los cargan con dolores y pesos a tan corta edad, sin importar las consecuencias, “solo son niños”, ¿no? Ellos aprenden de ese dolor, aprenden a sentir desprecio por sí mismos e inicia un camino de autolesión horrible que puede durar décadas, hasta que uno logra poner un freno… si es que lo logra.

La vi y lloré con ella, porque la entendí. Cuántas veces “entendí” lo que tenía que ser para que el mundo me quiera, para sentirme parte y querida, cuántas veces se me dijo la “manera correcta” de comportarme, se me dijo qué hacer y qué no hacer; y no importaba cuánto hiciera, nunca les fue suficiente. Nunca entendieron el dolor que me causaron.

Los traumas de sus miserables vidas fueron cargados en mis hombros como si fueran mi responsabilidad y la mantuve cuanto pude, hasta que rompí esos patrones. Pero romperse el alma no es fácil, es arrancar un fragmento que creías tuyo, que te definía… y es infinitamente doloroso, porque uno no sabe qué es sin ese dolor, sin ese mandato, hasta que lo aprende. El camino es duro, casi demasiado para atravesarlo, pero vale la pena.

Pero esa niña, ese llanto, ese bucle en su cabeza repitiendo quién es y por qué la gente se aleja, inevitablemente fue a parar a mi historia, a una pequeña niña que se encerraba para enajenarse del resto, preguntándose por qué el destrato, si es que era adoptada y eso de alguna misteriosa manera explicara la falta de amor y empatía, ofreciendo dinero porque sus padres se quejaban de ello, pero terminaron rechazándola, y ni hablar de menospreciar el pensamiento autónomo y libre, eso era cosa de lunáticos, de tontos… y uno crece pensando que es todo eso.

Desde acá, Monstruita, te abrazo, y a cada infancia herida por adultos que no supieron corresponder con su papel, que en vez de cuidar, rompieron, que en vez de sanar, alejaron… a todas esas infancias heridas que hoy buscan un poco de consuelo en el mundo adulto, les digo que no están en soledad.

Somos varias las infancias heridas que caminamos por el universo preguntándonos la vida entera. No hace falta ser fragmentos, podemos estar unidos, de la manera que sea necesaria, pero nadie debe cargar con el dolor en soledad.

Livy Lesiw

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