Quizás me estoy acostumbrando a las cenizas.
Al despertarme y mirarme al espejo, ni siquiera me reconozco; soy incapaz de sostenerme la mirada. No tengo chispa, el dolor me lleva en los huesos, tengo el alma perdida.
¿A dónde voy a parar? ¿Es necesario decir que solo estoy así por una mujer? Me siento ridiculizada por la mera idea de que no me haya ocurrido algo "más grave". ¿Pero qué puede ser más grande que el amor y experimentarlo? Si todo está bien, debería estar agradecida. No llorando en la ducha, no berreando su nombre mientras me cepillo los dientes y me meto en el saco del trabajo a fingir que escucho a la gente.
¿Cuánto llevo así? ¿Seis meses? ¿Cuándo se pasa?
Ya entendí, con todas las letras del alfabeto, que no me quiere de la misma manera. Que quizás yo solo fui un error y ella, para mí, un giro rotundo en la existencia. Esta mierda me duele más que cualquier cosa que haya vivido. Es horrible: la vida en un estado de pausa, un punto medio donde todo marcha pero falta la chispa. Falta algo. Incluso cuando ya he verbalizado de mil maneras en terapia que no necesito a nadie para estar completa.
Quizás me estoy pintando la piel con las cenizas.
Quizás estoy tomando la sangre que sale todos los días de la herida. Bueno, cada vez sangra menos; hay días en los que ni siquiera sangra, pero, como si tuviese vida propia, vuelve a existir.
¿Cómo pido que se me regrese ese año de mi existencia? No me arrepiento, ¿pero de qué me sirve haber sido un suspiro, cuando realmente ni siquiera llegamos a ser una coma en el universo?
Quizás me estoy volviendo las cenizas.
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