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L’amour ne peut pas tout

aylu

Jan 4, 2026

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L’amour ne peut pas tout
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Crecimos con la idea de que el amor es una fuerza absoluta, una especie de dios doméstico capaz de justificarlo todo. Que si es amor verdadero, alcanza. Que si se quiere de verdad, se puede. Y así, bajo esa consigna peligrosa, se empujó a generaciones enteras a quedarse donde dolía, a sostener vínculos que ya no respiraban, a confundir profundidad con resistencia. El amor, nos dijeron, todo lo puede. Pero nadie habló de lo que el amor no debería poder.

Porque hay estados del alma que no son compartibles. Hay momentos en los que uno se está desarmando por dentro, oxidándose en silencio, y no quiere o no puede, que otro pague el precio de acompañar en esa ruina. No por falta de amor, sino por lucidez. Porque amar no es llevarse a otro puesto de la propia destrucción.

Sin embargo, insistimos en medir el amor como si fuera una prueba de resistencia. Cuánto aguantás. Cuánto perdonás. Cuánto te callás. Cuánto te humillás sin irte. Se celebra al que se queda, aunque se apague, aunque se vuelva más chico, aunque pierda el eje. Irse, en cambio, se narra como fracaso, como cobardía, como falta de compromiso. Nadie habla de la violencia que hay en exigir presencia cuando lo que se ofrece es daño.

Así, el amor se transforma en ritual. En un sacrificio donde el sufrimiento se vuelve moneda y la entrega, una competencia. “Yo di más”, “yo soporté más”, “yo me quedé cuando era imposible”. Como si amar fuera una forma elegante de martirio.

Amar, tal vez, sea otra cosa. Tal vez sea saber correrse cuando quedarse implica arrastrar. Cuidar sin poseer. Elegir no convertir al otro en salvación ni en castigo. Entender que no todo vínculo está hecho para atravesar el infierno de uno, y que eso no lo invalida. Que a veces el gesto más amoroso no es prometer eternidad, sino evitar la condena.

El amor no lo puede todo. No cura, no redime, no rescata por sí solo. Y aceptar ese límite no lo vacía de sentido: lo vuelve ético. Lo vuelve humano. Lo saca del mito y lo devuelve a la responsabilidad de no usar al otro como campo de batalla.

aylu

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