mobile isologo
buscar...

laimios: metamorfosis de la labia

néllie

Jun 6, 2025

151
laimios: metamorfosis de la labia
Empieza a escribir gratis en quaderno

Este texto fragmentario fue descubierto durante las excavaciones del santuario sumergido de Delos, en tablillas inscritas con tinta ferrosa sobre papiro quemado.

Aunque el nombre de Euricleonte es apenas visible, la métrica y el estilo lo vinculan con la escuela de poetas órficos menores.

El mito aquí registrado parece ser una variante desconocida del relato de Lamia, la reina libia castigada por Hera. Pero en esta versión, la criatura es masculina —un Lamia con barba— y su historia, más que un mito de monstruos, es una advertencia disfrazada de poesía trágica.

La traducción que sigue conserva el tono solemne y ambivalente del original, incluyendo la rima “Lamia con labia”, que aparece repetida en un esquema casi litúrgico.

. . .

No todos los engendros de la tierra toman forma de bestia. Algunos caminan entre los hombres. Algunos cantan. Algunos lloran, y con su llanto, atan.

Fue en la época anterior a la tercera guerra de los dioses, cuando el mar aún hablaba y los árboles daban consejo, que surgió Lamia con barba, Laimios con labia, rostro de hombre, voz de fiera dormida.

Laimios fue su nombre primero, hijo de una ninfa marina y de un poeta desdichado. Nació del canto y del dolor.

Su nombre, dicen los estudiosos, no es casual: laimos en griego significa garganta, pero también hambre — un ansia que no se sacia.

Fue amado por una diosa menor del archipiélago y con ella tuvo hijos — brillantes como espuma al alba — que fueron arrebatados por Hera, celosa del goce de los mortales.

Cuando el último hijo cayó, Laimios dejó de hablar a los dioses. Se arrancó el nombre. Se vistió de sombra. Y salió a caminar entre los hombres como quien busca amor, pero solo ofrece el abismo.

No tomaba forma de monstruo, porque su arma era más antigua que las garras: la palabra.

Y con ella tejía encantamientos de pena, fórmulas de necesidad, espejismos de ternura que seducían sin tocar.

Lamia con barba, Laimios con labia, decía: “no puedo estar sin vos” y el que escuchaba, se acercaba. Decía: “me hirieron” y el otro ofrecía su pecho como escudo. Así atrapaba. No con fuerza, sino con hambre.

Primero robaba la voz. Luego el juicio. Después las piernas, como la bruja del fondo del mar que toma canto y no da tierra.

Y mientras el otro se vaciaba, Laimios se llenaba. De elogio, de poder disfrazado de fragilidad, de amor que era reflejo y no fuego.

Nadie sabía que ya era tarde hasta que el canto cesaba. Hasta que el nombre ya no respondía al llamado. Hasta que lo que una vez fue abrazo, era mordida.

Y cuando ya no quedaba nada, Lamia con barba, Laimios con labia, se iba. Dejaba cuerpos dormidos en la arena. Canciones sin voz. Sirenas sin mar.

Algunos dijeron que era castigo divino. Otros, que era él quien se castigaba, repitiendo su dolor en otros cuerpos, buscando redención en la ruina ajena.

Pero ninguno pudo vencerlo. Porque no se le gana en batalla. No se le mata con lanza. Solo se sobrevive.

Y aún hoy, cuando el mar calla y las estatuas lloran, algunos afirman haberlo visto, con ojos tristes y palabras suaves, buscando otra alma con la cual reflejarse.

Que nadie diga que no fue advertido. El canto sigue. La barba es la misma.

Y la labia… más dulce que nunca.

néllie

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión