mobile isologo
buscar...

Lacrimosa para los que se quedan

Jun 21, 2025

210
Lacrimosa para los que se quedan
Empieza a escribir gratis en quaderno

No hay consuelo en las catedrales.

Lo he buscado.

He buscado

entre los vitrales

una grieta,

una señal,

una lágrima que no fuese la mía.


Te fuiste

—no con un grito—

sino con una última bocanada de humo,

y algo dulce,

como si besaras a la muerte

en los labios.


¿Es esto lo que llaman rendirse?


El mundo no estalló.

Ni una sirena.

Ni un canto.

Ni un relámpago en el cielo.

Sólo tu cuerpo,

tan frágil,

inmóvil,

como si la vida hubiera decidido

no molestarte más.


Y yo,

yo que me quedé,

te pido a ti, Dios de los que no creen,

que no mires su error

como pecado,

sino como una plegaria mal dicha,

una carta que no supo a dónde llegar.


Lacrimosa dies illa...

Hoy es ese día.

El día de la lágrima.

El día que resucita el dolor

de las cenizas de un frasco vacío.

Juzga al mundo,

pero no a ella.

Ella ya pagó.

Con su carne.

Con su risa.

Con el temblor que le dejó

la última dosis.


No hay infierno más profundo

que el que se lleva dentro.

¿Lo sabías?


Tu alma, amor,

era un campo minado de espejos.

Y cada espejo te devolvía

lo que no querías ver.

Yo también lo vi.

Y no supe

cómo salvarte.


Perdóname tú también.


Pie Iesu, Domine,

dales el descanso.

A ella,

y a mí,

que cargo su nombre en la lengua

como quien mastica vidrio

sin atreverse a tragarlo.


La noche no termina.

Y tu olor aún está

en la almohada.

¿Eso cuenta como resurrección?


Tal vez esto sea el Juicio:

mirarte muerta

y no enloquecer.


Tal vez el perdón sea esto:

llamarte por tu nombre

y no esperar respuesta.

Seguir diciendo dona eis requiem

como si con repetirlo bastara,

como si algún ángel con sordera celestial

pudiera, por fin,

oírnos.


Te juro,

si supiera rezar,

te haría un altar

con los restos de mi fe.

Pero sólo tengo esto:

un poema

y una súplica.

Y un cuerpo que insiste en no caer

aunque todo se haya roto.


Dales el descanso eterno.

A los que se fueron

porque ya no podían mirar.

Y a los que quedamos

mirando.

Siempre.

Demasiado.


Amén.


Giovanni Battista Manassero

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión